La comunidad católica de Kapesa está feliz por la nueva capilla. Durante años, para rezar y participar en las liturgias, los fieles solo podían contar con el espacio habilitado en un aula de una escuela cercana. Ahora, en cambio, la posibilidad de tener una iglesia toda para ellos ha traído un profundo sentimiento de satisfacción en su libertad de culto y un mayor sentido de comunidad y conciencia.
Uno de los ancianos de la comunidad, Benedict Chitundu, testificó: «Al principio no teníamos una iglesia propiamente dicha. El difunto padre Józef Gotter, un misionero salesiano polaco, había fundado este centro en 2005 incluso sin poder contar con una estructura adecuada. Durante mucho tiempo deseamos tener un lugar de culto completamente nuestro».
«Nuestro ex párroco, padre Gabriel Mwenya, se dio cuenta de que nuestra situación no era favorable para la oración. Teníamos que usar un aula escolar los domingos y a veces el director se negaba a darnos las llaves. Esto nos dejaba sin un lugar adonde ir», prosiguió Benedict.
Hoy, sin embargo, la alegría prevalece sobre cualquier otro sentimiento y la comunidad es bien consciente de lo que significa este nuevo y sencillo espacio autónomo. Concluye, de hecho, el anciano: «Estamos muy orgullosos y agradecidos por este gran gesto, que nos ha regalado una bellísima casa de Dios, un lugar de culto y un refugio en caso de dificultad».
Los salesianos en Zambia ofrecen una serie de programas de desarrollo social, educación y evangelización para ayudar a los jóvenes pobres y en riesgo, a fin de que puedan llevar una vida sana y productiva. La educación temprana ayuda a los jóvenes a adquirir las bases necesarias para poder luego acceder a cursos de formación profesional orientados al empleo. Y en su camino de acompañamiento de los menores, desde la infancia hasta la juventud y la vida adulta, no se descuida la satisfacción de sus necesidades primarias, haciendo que los jóvenes puedan concentrarse principalmente en su itinerario educativo.
La pobreza está muy extendida en Zambia, hasta el punto de que el 64% de la población total vive por debajo del umbral de pobreza – un valor que, según los datos de UNICEF, sube incluso por encima del 80% en las zonas rurales. En los últimos treinta años, los ingresos en Zambia han disminuido constantemente y la población no tiene suficiente dinero para satisfacer necesidades básicas como una vivienda, comida sana y nutritiva y atención médica.



