Una cita que moviliza a comunidades locales, realidades educativas y Familia Salesiana en torno a un objetivo común: ofrecer oportunidades concretas de crecimiento a quienes viven situaciones de fragilidad social y educativa.
Una colaboración que refuerza la Familia Salesiana
La cuarta edición se enriquece con la colaboración con la Asociación de los salesianos cooperadores de la región Italia, Oriente Medio y Malta que, como subraya el Consejero Mundial Italo Canaletti, “da testimonio de la promesa vivida en el territorio, junto a Salesiani per il Sociale, en la belleza del mensaje salesiano”. Una sinergia que expresa corresponsabilidad y unidad dentro de la Familia Salesiana, reforzando el compromiso compartido a favor de los jóvenes más vulnerables.
Una red nacional al servicio de los menores frágiles
“Cuando la red se une, ningún joven queda al margen. La Violetta di Don Bosco no es solo un gran evento en la plaza – declara el padre Francesco Preite, Presidente nacional de Salesiani per il Sociale–. Es el signo concreto de una red nacional que crece y se reconoce unida en la responsabilidad hacia los menores más frágiles. En toda Italia llevamos un mensaje claro: hay una comunidad que cree en los chicos, invierte en ellos y trabaja cada día para ofrecer oportunidades reales de crecimiento y de futuro”.
La red de Salesiani per il Sociale se expresa a través de comunidades educativas, centros diurnos, oratorios, itinerarios de inclusión social, apoyo escolar y acompañamiento personalizado: lugares en los que la herencia educativa de San Juan Bosco continúa viviendo gracias al compromiso de educadores y cooperadores salesianos, voluntarios y familias.
Su mensaje sigue siendo actual e inspira el compromiso cotidiano de la red: “Hacer el bien es como la flor de la violeta: una flor que no se ve, pero cuyo perfume todos sienten”.
Un pequeño gesto que genera futuro
El 14 y 15 de marzo de 2026, elegir la Violetta di Don Bosco significa realizar un gesto sencillo pero concreto de solidaridad. Acudiendo a una de las más de noventa plazas, oratorios y parroquias adheridas será posible sostener directamente los proyectos educativos dedicados a los menores más frágiles.
Una pequeña flor puede convertirse en un gran signo de esperanza. Para que ningún chico se sienta solo.



