Inicialmente, Joan se sentía excluido, con una constante sensación de quedarse fuera, como ante una puerta cerrada. «Me sentía distante de todo y de todos –cuenta–. Cada mañana era cada vez más difícil levantarme».
Una historia que no es solo la suya. Hoy, en Italia, casi uno de cada cuatro jóvenes piensa en interrumpir antes de tiempo su itinerario de estudios y una cuota significativa queda al margen entre la escuela y el trabajo. Es lo que emerge del dossier Fragili de Salesiani per il sociale, realizado en colaboración con AstraRicerche, que ha llevado a cabo una investigación sobre una muestra de casi mil cien jóvenes entre los catorce y los veinte años, ofreciendo una fotografía lúcida, y a la vez desconcertante, de la primera parte de la Generación Z italiana.
Una fragilidad que a menudo se acompaña de un sentido generalizado de incertidumbre: solo poco más de la mitad de los chicos se siente satisfecho de sí mismo y más del 50% se declara estresado y bajo presión. Es en este escenario donde la historia de Joan encuentra su punto de inflexión.
El cambio no llega de repente, sino que toma forma lentamente, como una puerta que se abre poco a poco. Gracias a un proyecto educativo activado en el territorio de La Spezia por Salesiani per il sociale, Joan se encuentra con educadores capaces de detenerse, escuchar y quedarse, y precisamente en esa presencia algo dentro de él comienza a desbloquearse, dejando entrar una luz nueva, hecha de posibilidades y de futuro.
Al principio prevalece la desconfianza, luego, día tras día, esa puerta se abre de verdad. Junto a los educadores, las materias ya no son muros infranqueables y también las matemáticas, que para él siempre había sido un límite, se convierten en un desafío posible. «Siempre sacaba cuatro, pero en el último control saqué seis. Para mí fue una satisfacción enorme».
No es solo una nota, sino una primera señal, un rayo de luz concreto que devuelve la confianza. El itinerario se enriquece con momentos de diálogo y reflexión, a través de actividades compartidas que ayudan a los chicos a releer sus experiencias y a reconocer sus fragilidades sin terminar desanimados por ellas. Una necesidad real, si se considera que hoy solo el 42% de los jóvenes declara un buen bienestar mental, muy inferior a la percepción de su salud física. «He entendido que todos podemos caer, pero lo importante es levantarse y seguir luchando».
Paralelamente, Joan comienza a frecuentar el servicio de después de la escuela del oratorio, que rápidamente se transforma de simple espacio de estudio en lugar de pertenencia, una puerta abierta en la que no es necesario demostrar nada para ser recibido, donde se puede ser uno mismo sin miedo a ser juzgado y donde la relación se convierte en el primer verdadero instrumento educativo. «Se ha convertido en mi segunda casa».
Hoy Joan mira al futuro con una mirada diferente, más abierta y más consciente, y frecuenta la escuela con una nueva motivación. «He entendido que, si quieres cambiar las cosas, tienes que comprometerte y no rendirte».
Su itinerario, realizado en la Comunidad Educativa Territorial de La Spezia a través de la Asociación de Promoción Social Il Galeone, forma parte de las iniciativas promovidas por Salesiani per il sociale para combatir la dispersión escolar y ofrecer a los jóvenes oportunidades educativas concretas.
Para más información, visitar el sitio: www.salesianiperilsociale.it



