A continuación, fue recibido en el convento de las Hijas de María Auxiliadora para un desayuno fraterno, como una expresión más de la unidad de la Familia Salesiana. La mañana continuó con un programa cultural preparado por los jóvenes. A través de la música, la danza y espectáculos, los niños expresaron su gratitud y alegría. En su discurso, el Rector Mayor les recordó que la educación en un centro salesiano es tanto un don como una responsabilidad. Haciéndose eco del carisma de San Juan Bosco, los animó a utilizar sus talentos no solo para el éxito personal, sino para el servicio a la sociedad y el apoyo a los más vulnerables.
La Santa Eucaristía, celebrada en lengua local por el padre Roshan, superior de la LKC, fue el corazón espiritual de la jornada. En su reflexión tras la Comunión, el padre Attard invitó a los fieles a prepararse para la próxima fiesta de Pentecostés abriendo sus corazones al Espíritu Santo, que renueva, fortalece y guía la misión de la Iglesia entre los jóvenes.
La visita continuó luego en el Centro de Educación Superior «Don Bosco» de Narammala, donde el Rector Mayor fue recibido con calidez y alegría. Por la tarde, los exalumnos compartieron testimonios conmovedores, subrayando cómo el acompañamiento salesiano ha moldeado su crecimiento personal, sus logros profesionales y su compromiso con la sociedad. Profundamente agradecido, el Rector Mayor exhortó a los jóvenes a convertirse en «luces para el mundo»: ciudadanos competentes y compasivos, arraigados en sólidos valores humanos y cristianos. A continuación tuvo lugar una animada sesión de preguntas y respuestas, que ofreció la oportunidad para un diálogo sincero y de aliento.
Por la noche, el padre Attard se dirigió a la Casa Inspectorial, donde la Visitaduría organizó una cena de clausura a la que asistieron el obispo auxiliar y los responsables de las comunidades salesianas. El encuentro estuvo marcado por la gratitud y un fuerte sentido de misión compartida.
La mañana del 19 de mayo de 2026, el Rector Mayor partió hacia Italia, dejando tras de sí la certeza del espíritu de unidad, entusiasmo y esperanza, y la confirmación del compromiso salesiano de caminar con los jóvenes de Sri Lanka en el espíritu de Don Bosco.
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