El padre Francesco, que habría cumplido treinta y siete años el 15 de julio, viajaba hacia el parque de diversiones “Gardaland” con algunos chicos del oratorio. Con él estaba Alberto, de dieciséis años, animador del Grest y atleta de la Novatletica Città di Schio. Unidos en el servicio y en la amistad, permanecieron unidos hasta el último instante de su vida terrena.
Una comunidad herida que se convierte en oración
Las exequias conjuntas de padre Francesco y Alberto fueron presididas por el Rector Mayor de los Salesianos, padre Fabio Attard, XI Sucesor de Don Bosco, quien quiso estar personalmente presente para compartir el dolor de la comunidad. En la introducción, el director de la obra salesiana de Schio, padre Ivan Ghidina, expresó el sentir común: «Una cosa nos une a todos: el amor que tenemos por estos nuestros hermanos y el amor que ellos nos han dado», saludando a las familias, a los jóvenes, a las autoridades civiles y a los hermanos llegados también desde lejos.
En su mensaje inicial, el padre Fabio Attard amplió la mirada más allá de los límites de Schio. «A las 00.05 hora italiana – recordó – un terrible terremoto ha puesto de rodillas a todo un país, Venezuela. Pocas horas después, un terrible accidente en el túnel de Malo ha arrebatado la vida de nuestros queridos Alberto y padre Francesco». Dos dramas lejanos, unidos por el misterio del dolor humano.
El Rector Mayor dio voz al desconcierto vivido en estos días: «Dolor y rabia, luz y esperanza hemos vivido en estos largos días de lágrimas y sonrisas, de silencio que interpela la vida y llama a la fe». Recordó por su nombre a las madres y a los padres, a las hermanas y al hermano, reconociendo que el dolor más grande habita ante todo en sus hogares.
Haciéndose mensajero de la participación fraterna de la Inspectoría de Venezuela, subrayó cómo toda la Congregación Salesiana – hermanos, laicos y jóvenes – se ha unido en torno a Schio. Luego, la invitación sencilla y potente: «Unamos nuestros corazones para dar gracias al Señor de la Vida por el gran don de Alberto y del padre Francesco, por su sonrisa, su alegría, su bondad».
No solo luto, por tanto, sino gratitud. No solo lágrimas, sino fe en la promesa: «Oremos al Padre Eterno para que un día podamos encontrarlos de nuevo, allí donde ningún dolor podrá alcanzarnos y nadie podrá separarnos».
La homilía: lágrimas, consuelo y resurrección
El momento central de las exequias fue el anuncio del Evangelio de la resurrección de Lázaro (Jn. 11). La homilía, confiada a padre Enrico Gaetan según el deseo expresado por padre Francesco, no evitó las preguntas que atraviesan el dolor: «Señor, si hubieras estado aquí…». Preguntas que habitan el corazón de una ciudad herida.
Recordando que también Jesús «rompió a llorar» ante la tumba del amigo, subrayó que Dios no está distante de nuestro dolor, sino que lo comparte. «Tenemos necesidad del consuelo de Dios», un consuelo que no borra las lágrimas, sino que las ilumina de esperanza.
Luego el llamado que atravesó el pabellón: «¡Lázaro, sal fuera!». Una invitación dirigida sobre todo a los jóvenes a no permanecer prisioneros del sepulcro de la tristeza, sino a transformar el dolor en amor. Porque – recordó – cuando nos sentimos amados resucitamos, y cuando amamos a alguien lo hacemos resucitar.
Recordó a padre Francesco como «pastor con olor a ovejas», sacerdote que partió el Pan y partió su propia vida por los jóvenes; y a Alberto como perla preciosa crecida en el campo del oratorio. Su muerte juntos custodia un misterio doloroso pero también un testimonio luminoso: una vida compartida hasta el final, en el signo del don.
Una gratitud que se convierte en comunión
Después de la Comunión, el inspector de la Inspectoría salesiana de Italia Nordeste, padre Silvio Zanchetta, expresó, en nombre de los familiares y de toda la Familia Salesiana, un agradecimiento profundo y sentido a las instituciones civiles, al Ayuntamiento de Schio, a la provincia, a la región, a las fuerzas del orden, a la Protección Civil, a la Cruz Roja, a los voluntarios y a cuantos han colaborado con generosidad para que fuera posible un adiós con tanta participación y sentido.
Un agradecimiento que se convirtió en reconocimiento público de una ciudad capaz de hacerse familia. En el momento de la prueba, Schio ha mostrado su rostro más verdadero: unida, solidaria, atenta, guardiana del bien sembrado.
Las voces de los padres
Los últimos saludos al padre Francesco y a Alberto fueron confiados a las palabras de sus respectivos padres, en uno de los momentos más conmovedores y cargados de emoción de toda la celebración.
El padre de Alberto, Andrea Fioretto, leyó una carta de la profesora de su hijo, que lo recordó «brillante y original, entusiasta y curioso», capaz de dejar «una estela luminosa» en quienes lo encontraban. Luego, mostrando las zapatillas casi nuevas, confió: «Ha vivido poco, pero ha vivido rápido. Ha recorrido mucho camino». Y los amigos más cercanos escribieron: «Nuestro cuarteto ahora se convertirá en un trío, pero permanecerás siempre en nuestros corazones».
El padre del padre Francesco, Claudio Andreoli, describió a su hijo como «enamorado de Dios con el corazón de Don Bosco», capaz de una alegría contagiosa y de un abrazo que desarmaba. Citando su testamento espiritual – «Aquí he encontrado casa. Aquí quiero ser todo tuyo para ellos» – invitó a todos a hacer “remover la piedra del dolor” y a seguir corriendo, simbólicamente con las zapatillas, hacia los demás: «Este será nuestro vestido de Dios».
Una herencia que continúa
Las palabras de los padres, las lágrimas de los jóvenes, el video conmemorativo realizado por los animadores del oratorio, el silencio final convertido en oración: todo ha contado una verdad más fuerte que la tragedia.
El padre Francesco y Alberto han dejado una huella que no se apaga. Su sonrisa, su entrega, su pasión educativa seguirán viviendo en los patios del oratorio, en el corazón de los jóvenes, en la fe de una comunidad que, aun herida, elige transformar el dolor en compromiso.
El bien dado no se pierde. Y lo que ha sido vivido en el amor continúa, más allá de la muerte.
La celebración de las exequias y los últimos momentos de despedida están disponibles en el enlace a la transmisión en directo de YouTube, a través del cual es posible revivir y compartir este intenso momento de fe y de comunión.
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