Este año, a los tantos motivos de agradecimiento, se añadía la gran alegría por la inauguración de la renovada capilla del teologado, después de la gran restauración de los últimos meses, que la ha devuelto a nueva belleza y esplendor.
La misa fue presidida por monseñor Bruno Varriano, OFM, obispo auxiliar del Patriarcado Latino de Jerusalén para Chipre, quien con palabras cargadas de afecto recordó su amistad con Don Bosco, iniciada a la edad de cinco años en la escuela de las Hijas de María Auxiliadora, continuada en la escuela secundaria con los salesianos de Don Bosco, hasta los estudios universitarios en la Universidad Pontificia Salesiana (UPS) en Roma. «Mantengan vivo su carisma», exhortó «que es un modo de mirar, de hablar y de cuidar a los jóvenes. No es una filosofía, ni una ideología, sino que es vida, es sueño».
«Sí, es realmente un placer, dijo además, celebrar con ustedes a Don Bosco, quien en toda su vida acompañó a los muchachos paso a paso, enseñándoles que la santidad no es tristeza, sino alegría».
La celebración había sido precedida por la bendición de la capilla, a la cual por parte salesiana habían asistido también padre Emanuele Vezzoli, vicario del superior de la Inspectoría «Jesús Adolescente» del Medio Oriente (MOR), y padre Leo Arockiam, ecónomo inspectorial. La obra goza ahora, por lo tanto, de un nuevo y luminoso ambiente, cálido y acogedor para la oración de los salesianos y de la comunidad entera.
La jornada continuó, finalmente, con un tiempo de ágape fraterno y comunitario, animado por cantos de la tradición salesiana y por la música, a cargo de los jóvenes religiosos de la comunidad de Ratisbonne.



