Una celebración marcada por una amplia participación
La fiesta reunió a una asamblea viva y diversa. Hermanas Salesianas, exalumnos, jóvenes, benefactores y amigos de la Familia Salesiana participaron en la celebración, renovando una tradición ya consolidada que hace de la fiesta de Don Bosco un verdadero acontecimiento de familia en Moscú.
Una significativa presencia diplomática e internacional
La celebración se vio aún más enriquecida por la presencia de distinguidos representantes del cuerpo diplomático. Entre los participantes se encontraban el embajador de Argentina, acompañado por su secretario, miembros del cuerpo diplomático de la embajada de Italia, representantes de las asociaciones italianas en Rusia —entre ellas un club femenino italiano activamente comprometido en el apoyo a iniciativas caritativas— así como representantes de las embajadas de Polonia y Alemania. Su presencia puso de relieve el aprecio y la confianza de los que goza la misión salesiana.
Un espíritu italiano en honor a Don Bosco
En homenaje a los orígenes italianos de Don Bosco, la celebración asumió un marcado carácter italiano. Al término de la celebración eucarística se presentó un espectáculo cultural y teatral que recorrió la historia de Italia a través de sus períodos antiguo, medieval y moderno. La representación, rica en colores y significado, cautivó al público y fue acogida con gran aprecio.
Más de treinta años de misión salesiana en Moscú
El Orfanato Salesiano de Moscú lleva más de treinta años al servicio de los niños pobres y abandonados. Aunque la fiesta litúrgica de Don Bosco se celebra tradicionalmente el 31 de enero —y de hecho fue celebrada en la parroquia— la celebración en el orfanato se organizó en un día laborable posterior para favorecer una participación más amplia. La celebración eucarística fue presidida por el padre Dariusz Gojko, director de la comunidad salesiana de Moscú, en ausencia del obispo por motivos de salud.
Una fiesta de fraternidad y esperanza
La jornada concluyó con un momento de convivencia marcado por la alegría, la fraternidad y la gratitud. Incluso en el corazón del riguroso invierno, la fiesta de Don Bosco demostró una vez más cómo su carisma sigue uniendo a personas de distintas culturas y naciones en torno a una misión compartida de educación, cuidado y esperanza.
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