La celebración eucarística fue presidida por el padre Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor Emérito de la Congregación Salesiana, con la presencia del padre Simo Zakerian, superior de los salesianos de la Inspectoría «Jesús Adolescente» de Oriente Medio (MOR), de los salesianos de las diversas comunidades de Egipto, de las Hijas de María Auxiliadora, de los Salesianos Cooperadores, de los animadores de las casas de El Cairo – El Sahel, El Cairo – Zeitoun y Alejandría, de los profesores con sus familias, de los colaboradores y de varios amigos y benefactores de la obra.
Fue un encuentro marcado por la alegría, la gratitud y un fuerte sentido de pertenencia: una verdadera experiencia de familia, en el espíritu de San Juan Bosco.
Durante la homilía, el padre Chávez puso en el centro un mensaje esencial: el amor infinito y concreto de Dios por cada ser humano.
Evocando el Evangelio de Juan (Jn. 3,16), recordó que el amor de Dios no es teórico, ni simbólico, sino total, hasta el don de la vida. La Cruz no es fracaso, sino la prueba suprema de un amor que salva.
Meditó luego sobre la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32): un Padre que espera, que corre al encuentro, que abraza antes incluso de que el hijo termine de hablar, que restituye dignidad y hace fiesta. El corazón del mensaje es claro: Dios no ama porque seamos perfectos, sino porque somos hijos.
La Iglesia: no solo edificio, sino familia
En el día de la reapertura de la iglesia, el significado fue aún más profundo: la iglesia renovada es signo visible de una comunidad viva.
El padre Chávez recordó que la Iglesia es presencia de Cristo cuando los fieles están unidos en su nombre (Mt 18,20): no es solo un lugar, sino una familia de hermanos y hermanas.
Por ello indicó tres modos concretos en los que reconocer a Cristo en la Iglesia:
En la comunidad reunida en su nombre.
En la Palabra proclamada, viva y actual.
En los santos y en los mártires, testigos fieles hasta el don de la vida.
Recordó además que la vida eterna comienza ya con el Bautismo: es una vida nueva que comienza ahora, no solo después de la muerte.
El icono del Cristo Resucitado: el corazón del mensaje
Particularmente significativa es la referencia al icono del Cristo Resucitado presente en la iglesia renovada: solo el amor de Cristo es capaz de vencer la muerte. Él tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap. 1,18).
Una fiesta de Familia Salesiana
La jornada concluyó con un momento de fraternidad y animación salesiana, que creó un clima de alegría, sencillez y fraternidad entre todos los presentes.
La reapertura de la iglesia renovada de El Sahel no fue solamente un evento arquitectónico, sino un signo concreto de renovación espiritual y misionera: la Familia Salesiana en Egipto y en Oriente Medio, renueva con convicción su «sí» a la misión entre los jóvenes, cierta de que solo en el amor se construye el futuro.
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