Junto a él viajaron dos colaboradoras del staff de Missioni Don Bosco, Ester Negro, del Departamento Comunicación, y Lucia Brigiati, del Departamento Proyectos; el padre Gabriele Pipinato, director del Servicio para las intervenciones caritativas para el desarrollo de los pueblos de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) y Dario De Nicola, encargado de las instrucciones de los proyectos de la misma oficina.
El viaje misionero tuvo diversos significados: la cercanía de la entera Congregación a los hermanos que se encuentran en las situaciones más periféricas del mundo y la observación en presencia de las obras activadas gracias a las ayudas que provienen de miles de benefactores en Italia.
La delegación fue recibida y acompañada en todas las etapas por el padre Sony Joseph Pottenplackal, ecónomo inspectorial de AOS, y el padre Peter Abeku Dughan, coordinador del PDO para estas dos naciones, y fue acogida con gran entusiasmo por los directores y por los salesianos de las comunidades visitadas.
«Haber querido, preparado y conducido la visita juntos como Iglesia Italiana y Congregación Salesiana es ante todo un signo de comunión significativo y evangélico – explicó el padre Barone – que ha permitido a los responsables CEI conocer en primera persona la misión de los salesianos en aquellas naciones, sobre todo en sectores de frontera como el trabajo en las cárceles, los proyectos para la protección de niños, niñas y muchachos víctimas de abusos y muchachos de la calle, además del trabajo en las escuelas, parroquias, estaciones misioneras y centros juveniles», añadió.
Contemporáneamente, la visita permitió al padre Luca Barone y a su equipo visitar y confrontarse con otras misiones religiosas y diocesanas sostenidas por la CEI en aquellas tierras.
El padre Barone, en conclusión, se dijo convencido de que «Realizar una visita de misión conjunta no es ante todo una operación técnica de evaluación de proyectos o de intercambio de buenas prácticas y de estudio para futuras intervenciones de sostén, sino que es más bien una experiencia de Iglesia y por tanto de fraternidad auténtica, en la cual se va a encontrar personas, religiosos y laicos, que dan la vida en el campo de la misión, testimonian el Evangelio con la fidelidad a su vocación y ponen en acción inteligencia y corazón para anunciar el Evangelio y construir un futuro de esperanza para los jóvenes y con ellos se comparten sueños, dificultades y recursos concretos».
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