Zambia – Una cabina telefónica no es una casa: “El camino de los niños desde la calle hasta la seguridad y la presencia, que genera esperanza en Makululu”

En lugares como estos comienzan las historias de los chicos que llegan a la “Casa de los Niños – Don Bosco” de Makululu, en Zambia. Por lo general tienen entre siete y dieciocho años, aunque hay excepciones y a veces son incluso más pequeños. Algunos de ellos son huérfanos; otros provienen de familias profundamente disfuncionales, marcadas por la violencia, las adicciones y la extrema pobreza.

Ciloto 1: un lugar de paso, no de permanencia

“Ciloto” no es una gran institución, ni un orfanato cerrado. Es una casa, un lugar de la primera fase del recorrido: un espacio donde los chicos pueden detenerse, recuperar el equilibrio e iniciar el proceso de reconstrucción. Es un camino de formación y educación que prepara gradualmente para el regreso a la familia o la reintegración en la comunidad.

Los salesianos, junto con los colaboradores laicos, ofrecen a los chicos un lugar seguro donde vivir, comidas regulares, acceso a agua limpia y asistencia médica básica, que en muchos casos salva la salud y, a veces, la vida. Al mismo tiempo, comienza el proceso educativo, profundamente arraigado en el sistema preventivo de san Juan Bosco. Los niños no son juzgados en función de su pasado, sino acogidos por lo que son, con toda su historia, miedo y desconfianza.

La vida en común enseña las reglas de la convivencia, el respeto y la responsabilidad hacia sí mismos y hacia la comunidad. Estudio, deberes, trabajo, deporte y descanso organizan el día y devuelven un sentido de seguridad a los niños que antes solo conocían el caos de la calle. Los conflictos no se castigan, sino que se dialogan. Los errores no son motivo de rechazo, sino una oportunidad de aprendizaje. La herramienta educativa más importante sigue siendo la relación con un adulto que esté presente y sea coherente.

Al escuchar las historias de los chicos que vivían en Ciloto, vuelve a la mente un pensamiento que podría expresarse con palabras sencillas: “Pensaba que todos querían que cambiara rápido. Y, en cambio, aquí nadie me metió prisa. Me dieron tiempo. Y se quedaron, incluso cuando cometía errores”.

Una parte significativa de los chicos que llegan a Ciloto lucha contra la adicción, a menudo a la cola. La adicción no define a la persona aquí: es un signo de herida. El proceso de salida de la adicción incluye asistencia médica, supervisión educativa constante y una estructura diaria que ayuda al niño a recuperar el control de su propia vida.

Hay recaídas, huidas a la calle y momentos de duda. Y, sin embargo, la experiencia muestra que un niño que haya experimentado al menos una vez una casa segura y la presencia de adultos lleva en sí el recuerdo del bien, al que puede regresar.

Ciloto 2: curación y transformación

En respuesta a las necesidades cada vez más graves de los chicos, cuyo recorrido los llevaba a atravesar las heridas más profundas —adicciones, traumas y las consecuencias de la vida en la calle—, nació la segunda estructura “Ciloto”: un centro de rehabilitación y apoyo, donde llegan jóvenes que necesitan cuidados particulares. Es un lugar en el que la presencia cotidiana y constante de los educadores y el apoyo psicológico especializado crean un espacio de lenta curación, que requiere tiempo, paciencia y un acompañamiento delicado.

Una parte integrante de Ciloto 2 es la granja gestionada cerca del centro, que gradualmente se convierte en un espacio no solo de trabajo, sino también de reconstrucción interior. “Su objetivo es la autosuficiencia y el cuidado de la Creación; por eso utilizamos la energía solar y el biogás, enseñando a los chicos a usar responsablemente los dones de la tierra —cuenta el padre Piotr Gozdalski, ecónomo y vicario de la comunidad—. En la granja se crían cerdos, se preparan productos alimentarios, funcionan estanques de pesca cuyos frutos sirven tanto para la casa como para la comunidad local. Se cultivan maíz, soja y girasoles; además, se crea un huerto con árboles frutales y un área para la cría de gallinas ponedoras”.

Para los chicos que se alojan en Ciloto, una pequeña implicación en el trabajo de la granja forma parte del proceso de rehabilitación: el contacto con la tierra, la repetición de tareas simples y la espera paciente de los frutos enseñan que la vida —igual que la semilla plantada— necesita tiempo, cuidado y fidelidad para poder crecer.

El camino hacia el futuro

Ciloto no es un fin en sí mismo, sino una etapa del recorrido. Cuando es posible, los salesianos emprenden búsquedas pacientes de las familias —a menudo en zonas remotas de Zambia— para localizar a los parientes y preparar las condiciones para un regreso seguro. La reintegración con la familia o la comunidad local y, a veces, la derivación de los chicos a otras estructuras, es uno de los frutos más importantes de esta misión.

Desde el inicio de la existencia de la Casa de los Niños, doscientos cuarenta y tres chicos han recibido apoyo. Ciento cuarenta y dos chicos ya han regresado a sus familias o comunidades locales. También hay historias difíciles, recorridos interrumpidos, regresos a la calle, fases que requieren un nuevo acompañamiento.

Estos números no representan un balance de éxito o fracaso, sino la huella de historias reales, a menudo complejas y dolorosas, que aún siguen en camino.

Para comprenderlo mejor, en la red está disponible el documental “Ciloto – Salvado de la calle”

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