El programa contó también con la participación de monseñor Joseph Nguyen Nang, arzobispo de Ho Chi Minh City, y del padre Barnabas Le An Phong, superior de la Inspectoría de Vietnam y Mongolia (VIE), junto con numerosos sacerdotes, consagrados, hermanas y miembros de la Familia Salesiana.
El puntapié inicial: cuando la juventud se encuentra con el Evangelio
A partir de las 15:00, el ambiente se animó con danzas y juegos para romper el hielo. Bajo la animación del padre Paul Nguyen Toàn Khoa, el «vino de los valores evangélicos» disolvió rápidamente las distancias entre los participantes.
Luego, en el discurso de apertura, el padre Peter Nguyen Viet Quang Minh invitó con fervor a los jóvenes a hacer de la fe su sólido fundamento, renovando el espíritu del Año Jubilar de la Esperanza, y a transformar su vida en un himno de servicio.
Contemplación: afrontar la «sed» de la era moderna
Durante la sesión principal, el padre Joseph Nguyen Xuan Quang habló con franqueza de las luchas interiores de los jóvenes de hoy: el miedo a perderse algo (FOMO – Fear Of Missing Out), el agotamiento y la dependencia digital. Por ello subrayó: «La fe no consiste en seguir a la masa, sino que es una pedagogía de la escucha personal».
Los momentos más conmovedores se produjeron durante el examen colectivo de conciencia y el sacramento de la Reconciliación. Las largas filas de jóvenes que esperaban pacientemente frente a los confesionarios recordaban a los sirvientes de antaño, que sinceramente «llenaban las tinajas» de sus almas con el arrepentimiento, aguardando la gracia sanadora de Dios.
El culmen eucarístico: tres pasos para encontrar a Cristo
La misa de acción de gracias, presidida por monseñor Nguyen Nang, fue el corazón del retiro. Tomando como imagen la samaritana junto al pozo, el arzobispo delineó tres pasos fundamentales en el camino de la fe:
– El encuentro ordinario: yendo más allá de la superficialidad de la supervivencia cotidiana.
– Tocar el corazón: desear la verdadera alegría, siguiendo el ejemplo de San Carlos Acutis.
– Convertirse en discípulos misioneros: llevar a Cristo a los demás a través de la propia felicidad.
«Si todavía no han saboreado la ‘dulzura’ del encuentro con el Señor, ningún eslogan podrá hacerlos misioneros», recordó con fuerza el prelado a los jóvenes.
La fraternidad salesiana y la misión «hacia adelante»
La «Alegría Salesiana» fue luego expresada de modo vívido a través de una cena fraterna y un «mini-juego catequético»: respondiendo a las preguntas relativas al Mensaje cuaresmal del Papa, los jóvenes participantes profundizaron sus conocimientos de modo natural, fieles al método educativo de Don Bosco: «Educar a través de la alegría».
El programa concluyó con una vigilia de oración que evocó las bodas de Caná. En su discurso conclusivo, el superior de VIE reafirmó que, entre las tormentas de la vida, la fe en el amor de Dios permanece como el ancla definitiva. El rito del «envío» se desarrolló en un espíritu de comunión, mientras los jóvenes se intercambiaban simbólicas «gotas de agua» de humanidad, comprometiéndose a ser levadura y sal en el corazón del mundo.
Departamento Salesiano de Comunicación
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