Italia – Violencia contra las mujeres y cultura del respeto, un desafío educativo compartido
La apertura estuvo a cargo del Rector Magnífico de la UPS, el profesor y padre Andrea Bozzolo, quien destacó la responsabilidad del mundo educativo ante un fenómeno tan extendido como complejo. No basta condenar la violencia, subrayó: es necesario comprenderla, reconocerla y prevenirla.
Pero fue sobre todo el testimonio de Filomena Di Gennaro el que marcó el momento más intenso del encuentro. Sobreviviente de un intento de homicidio por parte de su exnovio en 2006, hoy vive en silla de ruedas. Su relato no se limitó a la dramaticidad del hecho, sino que puso de relieve lo que lo precedió: señales sutiles, a menudo invisibles para quien las vive. Control, presión psicológica, celos, limitación de la libertad personal: dinámicas que pueden confundirse con amor, pero que en realidad representan su negación. «Siempre pensamos que ciertas cosas les pasan a los demás», explicó a los estudiantes presentes en el aula, señalando precisamente en esta subestimación uno de los principales obstáculos para la prevención.
El punto más fuerte de su reflexión se centró en el tema de la posesión. «Mía o de ningún otro», las palabras que le dirigió su agresor antes de dispararle. Una frase que hoy se convierte, en su mensaje, en una advertencia que hay que invertir: nadie le pertenece a nadie. De aquí el llamado, dirigido especialmente a los jóvenes, a reconocer las señales de una relación enfermiza y a no guardar silencio. Junto a la denuncia, su testimonio abrió también un resquicio de esperanza: la posibilidad de reconstruir la propia vida y de vivir relaciones sanas, fundadas en el respeto y la reciprocidad.
A partir de este relato, el profesor Marco Pacifico ofreció una lectura psicológica del fenómeno, destacando cómo en la base de muchas relaciones violentas existe una profunda fragilidad identitaria. En estas dinámicas, el otro deja de ser una persona y se convierte en un objeto, funcional para llenar un vacío interior. Relaciones marcadas por la dependencia emocional, el control y la incapacidad de aceptar la autonomía del otro. Situaciones difíciles de reconocer desde adentro, subrayó el profesor, y precisamente por ello es fundamental el rol de quienes están alrededor: amigos, familiares, educadores.
No existen soluciones rápidas ni atajos: el cambio requiere tiempo, conciencia y procesos profundos, alejados de las simplificaciones frecuentemente difundidas en el debate público y en las redes sociales.
Precisamente en el plano educativo se centró la intervención del profesor Alessandro Ricci, quien puso el acento en un vacío cada vez más evidente: la falta de una verdadera educación afectiva y emocional. Hoy, observó, niños y adolescentes crecen inmersos en un ambiente digital que propone modelos relacionales frecuentemente distorsionados. Internet, pornografía, redes sociales y contenidos musicales se convierten, de hecho, en los principales educadores, mientras que la familia y la escuela tienen dificultades para cumplir este rol. La tecnología, explicó, no es el problema en sí misma, pero cambia profundamente la manera de vivir las relaciones: reduce los tiempos de espera, facilita la inmediatez de los impulsos y crea distancia emocional. Una distancia que puede reducir los frenos inhibidores y facilitar el paso a comportamientos agresivos.
De aquí la urgencia de un nuevo compromiso educativo, capaz de desarrollar en los jóvenes competencias fundamentales: reconocer las emociones, darles un nombre, aprender a gestionarlas y a comunicarlas. Sin este trabajo, el riesgo es una creciente incapacidad de estar en la relación de manera sana.
El cierre del encuentro estuvo a cargo del Rector Magnífico, el padre Andrea Bozzolo, con un llamado directo a la responsabilidad personal. El problema, observó, no es la falta de principios: sobre estos, en teoría, todos están de acuerdo. El verdadero desafío es transformarlos en comportamiento. Educar no significa solo transmitir conocimientos, sino acompañar un proceso interior, hecho de conciencia, de confrontación con las propias fragilidades y de maduración afectiva. En este horizonte, el amor auténtico se define como reconocimiento de la unicidad del otro y como capacidad de sostener su crecimiento, superando toda lógica de posesión.
El encuentro concluyó entre preguntas y reflexiones, dejando en los estudiantes la conciencia de que la violencia de género no es un tema lejano, sino una realidad que atañe a todos. Y la prevención pasa, ante todo, por la educación.