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06 abril 2026
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República Democrática del Congo – Entrevista al padre Guillermo Basañes, superior de la Inspectoría de África Central (AFC)

Al final de sus seis años al frente de la Inspectoría AFC, ¿cómo valora este mandato? En realidad, ahora mismo me encuentro en el año cinco y dos meses de mandato, de manera que aún me queda una buena parte del último año para concluir esta misión. La Congregación y yo miramos a la inspectoría AFC con profunda gratitud. Es…

Al final de sus seis años al frente de la Inspectoría AFC, ¿cómo valora este mandato?

En realidad, ahora mismo me encuentro en el año cinco y dos meses de mandato, de manera que aún me queda una buena parte del último año para concluir esta misión.

La Congregación y yo miramos a la inspectoría AFC con profunda gratitud. Es una inspectoría que me gusta comparar con una madre madura y fértil que está a punto de dar a luz a su tercer hijo. Ya ha dado vida a otras inspectorías (África Grandes Lagos y África Congo Congo) y sigue generando, ahora con la Visitaduría África Congo Este.

Mi sentimiento principal es, por tanto, una profunda gratitud por todo lo que Dios, a través de Don Bosco, sigue realizando a través de la inspectoría AFC. Agradezco en especial el don de las vocaciones consagradas y en la Familia Salesiana.

También hay signos visibles de esta expansión: la creación de nuevas inspectorías, la nueva presencia de los salesianos en Kalemie, la creación de la primera universidad salesiana en África –la Universidad Don Bosco de Lubumbashi– y el consolidamiento del Policlínico “Afia Don Bosco” en Lubumbashi, actualmente en fase de renovación. Todos estos elementos son señales de una inspectoría viva y en evolución.

Su mandato se ha desarrollado en un contexto a veces complejo. ¿Cuáles han sido los principales desafíos que ha tenido que afrontar?

Cuando el Rector Mayor me envió a esta inspectoría, la gran dificultad era la construcción de la fraternidad inspectorial y, sobre todo, la búsqueda de la reconciliación. Había que “recomponer” la fraternidad, es decir, trabajar por la reconciliación. Este era el encargo principal que recibí: garantizar la reconciliación en la inspectoría.

Porque si no hay paz, armonía y sinergia entre los apóstoles, toda la misión de la Iglesia se resiente. La primera misión de la Iglesia es su unidad. Jesús mismo oró: “Que todos sean uno” (Jn. 17). Sin unidad, la Iglesia no puede hacer nada. Esta es la gran dificultad que recibí en el año 2021.

A pesar de estos desafíos, ¿cómo han logrado preservar y hacer crecer el espíritu de Don Bosco en las distintas comunidades salesianas?

Con medios ordinarios. Creo que no he inventado nada, porque el Espíritu Santo ya había inspirado todo a Don Bosco. Por ejemplo, una herramienta muy importante con la que me he apoyado han sido las visitas inspectoriales. He tenido que acompañar a veintiséis comunidades y a unos doscientos sesenta ‑ doscientos setenta salesianos. La Congregación me pedía simplemente que hiciera bien las visitas inspectoriales, y eso es lo que he intentado hacer en estos años. Tan solo he procurado ser Don Bosco y hacer lo que la Congregación me ha pedido hacer.

La creación de la Visitaduría África Central Este constituye un punto de inflexión importante. ¿Cómo interpreta este acontecimiento para el futuro de la misión salesiana en el este del Congo?

La primera lectura que hago es que, a través de su Iglesia, Dios no abandona a su pueblo. Es la constatación más sorprendente, porque, desde el punto de vista humano, no es el momento de lanzar una nueva obra en una región como el Norte Kivu, donde muchas empresas, por el contrario, se retiran. Pero Dios hace lo contrario: allí donde otros se marchan, Él se establece. La creación de esta nueva circunscripción, en un momento históricamente difícil, es, por tanto, un signo de que Dios no abandona a su pueblo.

En segundo lugar, significa que aún hay una gran misión de Don Bosco por realizar en esta región. La nueva Visitaduría no se ha creado solo para reforzar lo que existe, sino para convertirse en una plataforma misionera. Hoy, la presencia salesiana en el este del Congo se limita a tres grandes ciudades como Bukavu, Goma y Uvira, pero quedan muchos lugares por evangelizar y servir: Beni, Butembo, Isangi, Kisangani, Kindu… El futuro expansivo de esta circunscripción es, por tanto, muy amplio.

No es necesario, entonces, esperar a tener quince comunidades para crear una circunscripción. Al respecto, pensando en mi sucesor aquí, podría decir con humor: “¡Tú casi no tendrás nada que hacer!”. De hecho, actualmente soy superior de una inspectoría que cuenta con veintiséis comunidades y casi trescientos hermanos, mientras que él se hará cargo de una realidad más modesta, con unas ocho comunidades y unos cuarenta ‑ cincuenta hermanos. Se podría pensar que tendrá más tiempo libre.

En realidad, es exactamente al revés. Esta decisión del Rector Mayor entra dentro de una estrategia de desarrollo: se trata de crear una estructura más flexible, capaz de convertirse en un punto de partida, una base misionera destinada a expandirse progresivamente. De manera que, lejos de ser una reducción, esta nueva configuración sea una oportunidad: la de sentar las bases de una Visitaduría en devenir, orientada a la expansión y al futuro de la misión salesiana.

¿Qué esperanzas depositan en esta nueva realidad eclesial y educativa que se desarrolla en el este del país?

La esperanza principal es, ante todo, espiritual. La primera esperanza salesiana son los jóvenes, sobre todo los jóvenes pobres y vulnerables. Donde hay jóvenes pobres, hay futuro para la misión salesiana. Además, existe también una esperanza vocacional real: la cifra de vocaciones en esta región es muy animadora. Por último, hay también una esperanza económica y de desarrollo, especialmente en los sectores agrícola y ganadero.

¿Qué papel están llamados a desempeñar los laicos para reforzar la misión educativa y pastoral en la nueva inspectoría?

La Congregación hace hoy mucho hincapié en el protagonismo de los laicos en la misión salesiana. Los laicos deben ser protagonistas, con una identidad clara: comprender la misión salesiana, conocer la espiritualidad de Don Bosco, vivir su pedagogía, tener creatividad, autonomía y libertad. Los laicos no deben pensar que siempre deben andar detrás de los sacerdotes: los laicos deben poder iniciar obras, actividades y servicios para los jóvenes incluso antes de la llegada de los salesianos a algunos lugares.

¿Qué mensaje desea dirigir a toda la Familia Salesiana de AFC y, en particular, a los jóvenes?

Mi mensaje final para los jóvenes, para los laicos y para toda la Familia Salesiana es sencillo, es el de la Iglesia, de Jesús y de Don Bosco: ¡sed santos, permaneced santos!

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