Camerún – Papa León XIV: “El mundo tiene sed de paz… ¡Basta de guerras!”

Por la mañana del 15 de abril, antes de la partida, el Pontífice se despidió de la Nunciatura Apostólica en Argelia y visitó el asilo “Nuestra Señora de África”, gestionado por las Hermanas Misioneras de la Caridad. El vuelo papal directo hacia la capital camerunesa Yaundé despegó del aeropuerto internacional “Houari Boumédiène” a las 10:16.

Al llegar al aeropuerto de Yaundé‑Nsimalen, León XIV fue recibido por el primer ministro Joseph Dion Ngute y por el Nuncio Apostólico, el arzobispo José Avelino Bettencourt, según el protocolo de bienvenida.

Posteriormente, se dirigió al Palacio presidencial, engalanado con flores amarillas y blancas – los colores del Vaticano –, donde primero tuvo un coloquio reservado con el presidente Paul Biya. Después, en el mismo lugar, se reunió con los representantes de las autoridades, de la sociedad civil y del cuerpo diplomático. “Vengo entre vosotros como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”, comenzó diciendo el Santo Padre.

Prosiguiendo, agradeció la acogida cálida de esta “África en miniatura”, como definió al Camerún, “por la riqueza de sus territorios, de sus culturas, de sus lenguas y de sus tradiciones”. “Esta variedad – prosiguió el Santo Padre – no es una fragilidad: es un tesoro. Constituye una promesa de fraternidad y un sólido fundamento para construir una paz duradera”.
Muchos fueron los temas tratados por el Papa en su discurso, pero recurrente sobre todos el de la paz y la armonía: “Mi visita – afirma papa León – expresa el afecto del sucesor de Pedro por todos los cameruneses, así como el deseo de animar a cada uno a proseguir, con entusiasmo y perseverancia, en la construcción del bien común”.

León no calló las “pruebas complejas” a las que el Camerún está sometido, con las tensiones y violencias que han recorrido algunas regiones del Noroeste, del Suroeste y del Extremo Norte. Pero precisamente por esto exhortó con más vigor: “El mundo tiene sed de paz […]. ¡Basta de guerras, con sus dolorosos montones de muertos, destrucción, exiliados! Este grito quiere ser un llamamiento a la voluntad de contribuir a una paz auténtica, anteponiéndola a cualquier interés particular”.
Por la tarde, León XIV visitó el orfanato Ngul Zamba, una estructura que acoge niños y jóvenes pobres desde los dieciocho meses hasta los veinte años, algunos abandonados por las familias, otros discapacitados o expulsados de institutos por delitos o uso de drogas.

Allí, afirmó León XIV, Dios “quiere manifestaros su ternura y estrecharos a su corazón, y yo también deseo hacerlo, en su nombre”.

León XIV escuchó con atención las historias de los huéspedes del centro, historias de vida y experiencias difíciles, pero les infundió un mensaje de esperanza: “En un mundo a menudo marcado por la indiferencia y el egoísmo, esta casa nos recuerda que todos somos custodios de nuestros hermanos y de nuestras hermanas, y que, en la gran familia de Dios, nadie es nunca un extranjero o un olvidado, por pequeño que sea”.

Por la noche el Obispo de Roma se trasladó a la sede de la Conferencia episcopal camerunesa para un encuentro privado con los obispos del país.

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