Angola – El papa León exhorta a la nación: seguir a María “para ser como Ella operadores de justicia y portadores de paz”
Después de las misas presididas en las últimas etapas de su visita a Camerún – la del viernes en el “Japona Stadium” de Douala, con ciento veinte mil fieles presentes; y la de despedida, el sábado, en el aeropuerto militar de Yaundé, con alrededor de doscientos mil participantes, durante la cual animó al pueblo de Camerún a permanecer firmes en Cristo para ser “sal y luz de esta tierra” – el Santo Padre hizo su entrada en Angola, tercera etapa de su viaje apostólico.
Numerosos han sido los encuentros previstos con el Papa en esta tercera fase de su viaje africano, bajo el lema: “Papa León XIV, peregrino de esperanza, reconciliación y paz, bendice a Angola”.
La jornada comenzó el sábado por la tarde, con la visita de cortesía al presidente de la República, João Manuel Gonçalves Lourenço, y después, en el Palacio Presidencial, con el encuentro con unas cuatrocientas autoridades políticas y religiosas, con empresarios y representantes de la sociedad civil y de la cultura.
En esa ocasión, el Pontífice recordó en primer lugar a las víctimas de las recientes inundaciones en Benguela, que han causado unas treinta muertes y más de treinta y cuatro mil desplazados. Luego, puso de relieve las “cicatrices” del aprovechamiento del país generadas por “intereses prepotentes” depredadores: “Hace falta romper esta cadena de intereses que reduce la realidad y la vida misma a mercancía de intercambio (…) Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántas catástrofes sociales y ambientales arrastra consigo esta lógica extractivista”.
Por su parte, exhortando a la construcción de un país renovado, que “puede crecer mucho” si sus dirigentes saben creer en la “multiformidad de sus riquezas”, el papa León animó a los líderes locales: “No tengan miedo al disenso, no extingan las visiones de los jóvenes y los sueños de los mayores, sepan gestionar los conflictos transformándolos en caminos de renovación. Antepongan el bien común al intereses particulares, jamás confundiendo su partido con el todo. La historia entonces les dará la razón, aunque en el presente alguien les sea hostil”.
En la jornada de domingo diecinueve, en cambio, hubo dos momentos fundamentales: la misa de la III Domingo de Pascua en Kilamba; y por la tarde, el Rosario en la explanada frente al santuario mariano de “Mamã Muxima”.
En el primero de estos encuentros, ante unos cien mil fieles, comentando el pasaje de los discípulos de Emaús previsto por la liturgia, el obispo de Roma comparó el camino nacional con el de aquellos dos discípulos del Evangelio, observando que ante los contratiempos se puede perder la esperanza y quedar “paralizados por el desánimo”. La solución, para el pueblo de Angola, como para los discípulos de Emaús, no surge de la aplicación de una propia estrategia: es un don que viene de lo alto. “El Señor se acerca a los dos discípulos decepcionados y cortos de esperanza y, haciéndose compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de esa historia, a mirar más allá del dolor (…). Ahí se delinea también para nosotros, para vosotros, queridos hermanos y hermanas angoleños, el camino para empezar de nuevo: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y se compadece de nosotros, por otro, el compromiso que Él nos pide”.
Al mismo tiempo, y precisamente por fidelidad al Señor, el Santo Padre no dejó de subrayar la realidad local, recomendando no mezclar con la fe “elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”, e invocó para los angoleños, en un país herido por una larga guerra civil, una Iglesia que los acompañe y que recoja “el grito de sus hijos”.
Por la tarde, entre el entusiasmo y la devoción de treinta mil personas, en el santuario de Mamã Muxima – antiguo lugar de culto cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, situado donde los colonizadores portugueses embarcaban mercancías y personas esclavizadas para deportarlas a Brasil – el Papa presidió la oración del Rosario, cuyos diferentes misterios fueron introducidos por un joven, un niño, una familia, una religiosa y un seminarista.
Al término de la oración, el Papa Prevost tomó la palabra en portugués y pidió comprometerse a “amar a cada persona con un corazón materno, de manera concreta y generosa” y a “comprometerse en particular con los más pobres”.
“Es el amor el que debe triunfar, no la guerra. Eso nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos”, fue el mensaje central de su discurso, en el que también dirigió un apelo especial y sincero a los jóvenes, “para construir un mundo mejor”, donde ya no haya más “injusticias”.
Por último, a todos dejó el ejemplo de María: “La Virgen nos pide que nos dejemos involucrar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella operadores de justicia y portadores de paz”.