Italia – La vida en familia hoy y la perspectiva de la Vida Eterna: apuntes y reflexiones con los testimonios sobre Gilda Cersosimo y Marianna Boccolini
Organizado por el equipo pastoral que acompaña las actividades de la parroquia «Sagrado Corazón de Jesús en Castro Pretorio», parte del complejo de la Sede Central Salesiana, el encuentro comenzó con un primer momento de fraternidad y convivencia para las unas cuarenta personas presentes, y continuó luego en la renovada Capilla de la Palabra de la comunidad salesiana para el tiempo del encuentro y de los testimonios.
La introducción estuvo a cargo del director de la comunidad salesiana del Sagrado Corazón, el padre Francesco Marcoccio, quien, junto con la religiosa de las Misioneras de Cristo Resucitado, hermana Maria José Rey Merodio, ilustró los tiempos, las dinámicas y, sobre todo, el sentido de la velada: escuchar algunos testimonios de impacto y de vida concreta de familias de hoy, para llevar a todos los presentes a reflexionar sobre el horizonte último de la Vida Eterna en la perspectiva cristiana, a partir de la realidad familiar.
Así, tomaron la palabra, interrumpidos a veces por la emoción, los padres de Gilda Cersosimo, Paola y Pasquale; y la madre de la sierva de Dios Marianna Boccolini, Maria Letizia Tomassoni, acompañada por el padre Massimo Reschiglian, OFM, biógrafo de la vida de Marianna y cercano a su familia desde hace años.
Los esposos Cersosimo hablaron así del extraordinario testimonio de su segunda hija, Gilda Cersosimo (2004-2021), una fuerza de la naturaleza concentrada en tan solo diecisiete años de vida, llevada al Cielo por una rara y complicada forma tumoral. A través de sus palabras, describieron a una joven amante de los deportes, los idiomas, los viajes, la moda… Una chica llena de vida y líder natural entre sus amigas, que vivió su breve vida encarnando casi la receta de la santidad promovida por Don Bosco: «Estar siempre alegres, cumplir siempre y bien con el propio deber y ayudar a los demás».
Positiva y propositiva también durante la enfermedad, no perdió la esperanza ni siquiera durante la terrible recaída del mal que la golpeó, preocupándose ella misma de acompañar a los amigos y familiares en sus dificultades y dando testimonio hasta el final de una profunda fe en la vida eterna.
Un testimonio análogo, con todas las diferencias de personalidad y de experiencia vital, fue el que aportó la madre de Marianna Boccolini (1992-2010), joven umbra que subió al Cielo a los dieciocho años tras un trágico accidente de tráfico. Estudiosa, amante de la lectura, pintora, manifestó desde pequeña una peculiar sensibilidad cristiana y una atención especial hacia los más desfavorecidos. Dotada de muchos talentos, no buscaba destacar, sino más bien ayudar a los demás, empezando por quienes tenía más cerca, a superarse. Aunque vivió pocos años, escribió mucho, entre diarios, blogs, redacciones…, dando testimonio de una auténtica fe cristiana y del deseo de colaborar en la construcción de un mundo más justo, solidario y fraterno.
Pocos días antes del accidente que le arrebató la vida terrenal, previó la inminencia de su muerte y le anticipó a su madre que perdonara al joven que conducía el automóvil. El 7 de junio de 2025, en la concatedral de Narni, se abrió la investigación diocesana para su causa de beatificación.
Al hablar de ellas, esbozando sus rasgos de carácter y citando frases, anécdotas y episodios, los padres de Gilda y la madre de Marianna testimoniaron no solo que la prueba más terrible de la vida puede afrontarse y superarse con la fe y en la perspectiva de la vida eterna, sino sobre todo que vivir una vida auténticamente cristiana en familia hoy es todavía posible, atractivo y hermoso, y que frecuentemente son los más jóvenes quienes más enseñanzas dan a los adultos.
Luego, durante una velada en la que se alternaron por breves momentos de reflexión y diálogo para cada pareja de esposo, las personas presentes se trasladaron a la basílica salesiana del Sagrado Corazón para renovar, a través del recuerdo de algunos gestos del rito del Bautismo, la memoria de ese sacramento que introduce a cada fiel en la vida eterna en Cristo.