Vaticano – Escuchar para educar: la vida consagrada al servicio de la misión educativa de la Iglesia
Una escucha sinodal para la misión educativa
En el encuentro participaron más de cien personas de manera presencial y aproximadamente ciento cincuenta conectadas en línea: superiores y superioras generales, junto a los responsables de educación de numerosas congregaciones religiosas.
La iniciativa se inscribe en el camino iniciado hace más de una década por la Comisión para la Educación de la UISG y la USG, en constante diálogo con el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Fue un auténtico ejercicio sinodal de escucha y discernimiento, orientado a releer la misión educativa de la vida consagrada a la luz de los desafíos actuales.
La Congregación Salesiana estuvo representada por el sector de la Pastoral Juvenil, a través de la presencia del Consejero General, el padre Rafael Bejarano, y del padre Jerry Matsoumbou, miembro del sector de Pastoral Juvenil y referente para África.
El mensaje del cardenal José Tolentino de Mendonça: una escuela profética
La intervención central del encuentro fue la del cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación. En su contribución subrayó la urgencia de escuchar la cultura de los jóvenes y de comprender la vida consagrada como un servicio a la misión educativa universal de la Iglesia.
La escuela -afirmó- «debe ser un punto de diálogo en un mundo secularizado. La escuela católica es el lugar de encuentro de todos, de las culturas, de las generaciones, de las tradiciones; es un lugar de credibilidad y sobre todo de profecía».
De aquí la invitación a abrir una nueva temporada de transformación profética para redescubrir el ethos de la educación católica. El Prefecto recordó además a las congregaciones que no traicionen las promesas fundamentales: el Evangelio de Jesús, el amor y la apertura a todos, la acogida de la persona en su diversidad. La escucha -reafirmó- es un proceso exigente, que requiere tiempo y compromiso. Solo saliendo de la inmovilidad y de la rutina será posible superar el desafío educativo.
Las congregaciones están llamadas a reconocerse como una «constelación plural para la esperanza»: diversas en los carismas, pero unidas en la misión. Una imagen evocadora concluyó su intervención: ser «un cielo lleno de estrellas para las nuevas generaciones», eligiendo la «mística del conjunto» en el arte de educar.
Revisitar el Pacto Educativo Global
El cardenal invitó a las congregaciones comprometidas en la educación a hacer propias las tres grandes síntesis del Pacto Educativo Global, recientemente relanzadas por el papa León XIV:
- Cultivar la vida interior. La tristeza y la inquietud de los jóvenes no se curan solo con respuestas técnicas o farmacológicas. La educación debe ayudar a descubrir y nutrir la dimensión interior de la persona.
- Lo digital al servicio del hombre. La tecnología no puede ser un fin en sí misma, sino que debe seguir siendo un instrumento al servicio de la dignidad y el crecimiento integral de la persona.
- Educar para la paz. La paz no es automática: es una cultura que hay que educar. Es necesario «desarmar» las escuelas y sobre todo los corazones, formando jóvenes artífices de paz.
Desafíos y perspectivas para el relanzamiento
En el tiempo dedicado al discernimiento comunitario surgieron algunas preguntas decisivas: ¿Cómo educar en la interioridad? ¿Cómo acompañar a los jóvenes más vulnerables o alejados de la fe? ¿Cómo fortalecer la identidad de la escuela católica en el diálogo con el mundo contemporáneo? ¿Cómo promover una colaboración más eficaz entre congregaciones?
Entre las prioridades indicadas para el relanzamiento del compromiso educativo se destacaron:
– el fortalecimiento del trabajo en red entre congregaciones y diócesis;
– la inversión en la formación de los laicos como líderes educativos;
– la promoción de la sinodalidad y de la colaboración inter-congregacional;
– la creación de espacios estables de escucha y reflexión compartida;
– la participación activa de las familias y de las comunidades educativas.
Una misión compartida
En el marco del Jubileo del mundo educativo, el encuentro reafirmó con fuerza que educar hoy es una misión compartida. Una misión que exige colaboración, creatividad y fidelidad al Evangelio y al propio carisma.
Solo así será posible reconocer y valorar el «bien inmenso» que cada día se realiza en las obras educativas extendidas por el mundo, incluso en los contextos más difíciles.
En esta tarea, la vida consagrada está llamada a ser verdaderamente un «cielo lleno de estrellas para las nuevas generaciones».
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