Portugal – XXX Juegos Nacionales Salesianos: días de encuentro, deporte y espíritu de familia
El inicio de los Juegos Nacionales estuvo marcado por un ambiente donde la alegría, el entusiasmo y el reencuentro entre las delegaciones provenientes de diversas casas salesianas de Portugal y Cabo Verde dieron un tono particular a una experiencia que va mucho más allá del plano competitivo.
La ceremonia de apertura, celebrada en la Arena de Évora, fue uno de los momentos más significativos de esta edición. Los jóvenes fueron protagonistas de un espectáculo de música, colores y movimiento, ideado por Matilde Trocado, que rindió homenaje también a los cien años de presencia salesiana en Évora.
Con el paso de los días, los juegos entraron en su pleno desarrollo. Las competiciones se celebraron en diversos lugares de la ciudad, siempre acompañadas de un ambiente de alegría, respeto y cercanía. Entre competiciones y sonrisas, se consolidó lo que mejor define esta experiencia: un encuentro que forma, acerca y crea vínculos duraderos entre jóvenes provenientes de realidades diversas.
Más que los resultados, lo que se vivió en Évora fue el verdadero «patio de Don Bosco»: un espacio en el que el deporte se convierte en un camino de educación, amistad y crecimiento. En cada partido, en cada tribuna y en cada momento de convivencia, era palpable ese espíritu de familia que confiere sentido e identidad a los Juegos Nacionales Salesianos.
Un cierre significativo
El último día de los Juegos Nacionales Salesianos coincidió con la celebración del Día de la Madre a nivel nacional y, de este modo, se celebró también el apoyo silencioso y constante, hecho de aliento, cuidado y confianza, que solo una madre sabe dar.
Y para dejar huella en la jornada, los atletas fueron invitados a estampar su «impronta» en un marco conmemorativo, integrando así esta fecha tan especial en el transcurso de esta gran fiesta de la juventud.
El momento más importante de la última jornada fue sin duda la celebración de la eucaristía. Presidida por el padre Tarcízio Morais, superior de la inspectoría, que reunió en el pabellón de la escuela a las distintas delegaciones de deportistas y sus respectivas familias, con un total de cerca de dos mil personas.
En la homilía, el inspector recordó que hay palabras de Jesús que «no envejecen». «En un mundo tan a menudo inquieto, exigente, competitivo, que requiere, como en el deporte, un podio a toda costa, donde la competición nos vuelve inquietos y jadeantes, esta palabra llega como un abrazo».
Y con motivo del Día de la Madre, el inspector subrayó también el papel de las madres en la vida de los jóvenes: «Son a menudo ese ‘sendero’ discreto por el que pasa Dios. Son una presencia que sostiene, una palabra que alienta, una mirada que cree incluso cuando nadie más cree».
Tras la eucaristía, dio inicio la ceremonia de clausura. El padre David Teixeira, director de los Salesianos de Évora, saludó y agradeció el compromiso de todos quienes contribuyeron al éxito de la iniciativa: «Las únicas palabras que tienen sentido ahora son ‘felicitaciones’ y ‘gracias’. ¡Les aseguro que de ahora en adelante repetiré estas dos palabras muchas veces!», subrayó.
El momento más esperado por todos fue el anuncio del padre Morais sobre la sede de los próximos Juegos Nacionales: en un clima de fiesta, los Salesianos de Lisboa recibieron la noticia de que serán los anfitriones de los próximos Juegos Nacionales.
El cierre de la XXX edición de los Juegos Nacionales no representó así solo el fin de una edición, sino el regreso de cada joven a su propia realidad, con un bagaje enriquecido por todo lo vivido: amistad, aprendizajes, crecimiento y el sentido de pertenencia a una familia más grande.
En Évora se celebró mucho más que el deporte: también una manera de educar, de vivir y de crecer, fiel al sueño de Don Bosco y a la misión salesiana.
Para más información, visitar el sitio: www.jogosnacionais.salesianos.pt/
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