Italia – María, madre cercana, concreta y atenta a las necesidades cotidianas
En su mirada él reconocía la ternura fuerte de una mujer que sabe asumir responsabilidades, que no se retira ante el dolor, que anima a levantarse cuando todo parece perdido.
Esta dimensión materna -acogedora, pero exigente, dulce, pero valiente- hace de María un don universal. Su maternidad no es un sentimiento abstracto, sino un estilo de vida: es la capacidad de generar vida incluso donde reinan el miedo, la soledad o el conflicto. Es una invitación silenciosa a cuidar a los demás, a ser compañeros de camino, a proteger lo que nace frágil. Es maternidad que se convierte en compromiso por el bien, mirada que ve más allá de las apariencias, mano que levanta.
María es la mujer del servicio alegre, icono de una comunidad que se inclina sobre las heridas del mundo. La maternidad de María es un llamado a la paz, a la proximidad concreta, a la elección de estar del lado de los últimos. Es «mujer de frontera»: capaz de habitar los confines de la humanidad para transformarlos en puentes, para construir relaciones nuevas precisamente allí donde la humanidad aparece más frágil.
La maternidad de María es una fuerza revolucionaria: no es pasividad, sino energía generativa; no es consuelo frágil, sino valentía cotidiana; no es privilegio, sino servicio.
En su «sí» se custodia la promesa de que cada vida, incluso la más pequeña o herida, merece ser acompañada y hecha crecer. Y también los muchos bienhechores y colaboradores de la misión salesiana en el mundo viven en su «sí», con los gestos de proximidad, de generosidad, de ofrenda de la oración, del tiempo y de los recursos que pueden compartir en nombre de Don Bosco y de sus hijos más pobres.
Hablar de Don Bosco hoy significa reconocer que su carisma no pertenece al pasado, sino que sigue encarnándose dondequiera que haya jóvenes a quienes escuchar y sueños que hacer madurar. Sus intuiciones educativas -prevención, amabilidad, razonabilidad- resuenan actuales en una época marcada por fragilidades interiores, soledades digitales y falta de referentes. El ambiente salesiano, imaginado por él como «casa, parroquia, escuela y patio», sigue siendo un modelo eficaz de comunidad inclusiva y generativa en el que la presencia materna de María, amorosa y atenta, es el signo concreto del amor de Dios por cada una de sus criaturas.
En el mundo de hoy, la presencia salesiana se traduce en proyectos para estudiantes en dificultad, itinerarios profesionales para quienes corren el riesgo de la exclusión, casas familiares para menores frágiles y abandonados, iniciativas a favor de los migrantes. Es la prolongación concreta del sueño de Don Bosco: ofrecer no solo asistencia, sino sobre todo oportunidades, confianza, posibilidad de futuro. Es el valor de educar en la esperanza cuando la sociedad propone horizontes estrechos.
Junto al servicio educativo, permanece la dimensión espiritual: para Don Bosco, crecer significa aprender a sentirse amados por Dios y sostenidos por su mirada providente, que permite reconocer el valor de la propia vida. La devoción a María Auxiliadora sigue siendo para muchos jóvenes un punto de orientación, una presencia que sostiene y alienta.
El 24 de mayo, día solemne de la fiesta de María Auxiliadora, una cadena infinita de «Avemarías» se elevará desde cada nación y en cada idioma, y miles alzarán los ojos hacia Aquella que es madre de la tierra antes que reina del cielo.
Con la certeza de que cada joven es «una porción de cielo», y de que -con la ayuda materna de María- cada vida puede convertirse en una obra maestra, don para los demás y luz para el mundo.
Padre Luca Barone,
Presidente de Missioni Don Bosco
Fuente: Missioni Don Bosco