Polonia – Hacia la beatificación del padre Jan Świerc y sus compañeros, salesianos polacos mártires: el testimonio del papa Juan Pablo II
En el libro Don y misterio, Juan Pablo II escribió: «No puedo, dejar de recordar un ambiente y, en él, un personaje del que en ese período recibí verdaderamente mucho. El ambiente era el de mi parroquia, dedicada a San Estanislao Kostka, en Dębniki, en Cracovia. La parroquia estaba dirigida por los padres Salesianos, que un día fueron deportados por los nazis al campo de concentración. Solo quedaron un viejo párroco y el inspector de la provincia; todos los demás fueron internados».
También con ocasión del 50º aniversario de la parroquia salesiana, como papa envió una carta muy personal, en la que escribe: «Es la segunda parroquia, después de la de Wadowice, en la que descubrí y profundicé el misterio de la Iglesia, esa especial comunidad del Pueblo de Dios que tiene su origen en el amor del Padre… También allí, entre la comunidad de la Parroquia de Dębniki, mi vocación sacerdotal maduró plenamente y se realizó».
Han llegado hasta nosotros otros dos testimonios que subrayan la importancia y el significado de este lugar: «Es sabido que los años decisivos de mi vida los pasé en una cierta parroquia salesiana, la parroquia de San Estanislao Kostka en Cracovia… También vi con mis propios ojos a ocho, diez salesianos que eran llevados al campo. La mayoría de ellos encontró la muerte (…) en el campo, durante la guerra. Por lo tanto, todo esto tiene algún vínculo y, viniendo aquí, a los lugares donde nació el movimiento salesiano, revivo la experiencia vivida durante mi encuentro con los Salesianos, con Don Bosco, a través de aquellos sacerdotes que fueron todos al campo de concentración. Querían que uno de ellos arrojara al suelo y pisoteara el rosario; no obedeció, y así fue torturado hasta la muerte.
Por tanto, si una persona, aunque sea el Papa, no puede liberarse de las relaciones personales, de lo que ha vivido en primera persona. Debo decir que una parte significativa, más aún, la parte decisiva de mi vida, la viví junto a los Salesianos en la parroquia que ellos dirigían. Y allí encontré también el ambiente, las personas que me ayudaron a convertirme – no en el sentido de un retorno a la fe, sino de reencontrar la vocación» (Juan Pablo II, Palabras privadas dirigidas a los cardenales, a los obispos del Piamonte y a los salesianos, durante su visita a Turín-Valdocco, el 3 de septiembre de 1988).
El segundo testimonio es la homilía pronunciada en la iglesia salesiana de Dębniki: «Nunca olvidaré aquel día en que vosotros feligreses, especialmente nosotros los jóvenes, reunidos en torno a nuestros sacerdotes, supimos que todos o casi todos los sacerdotes de la parroquia de Dębniki y de la Inspectoría salesiana habían sido arrestados y, poco después, deportados a un campo de concentración. Igual que el padre Maximiliano María Kolbe. Y la mayoría de ellos no regresó jamás de allí. Conservamos sus nombres en la memoria y en el recuerdo. Algunos dejaron este mundo con fama de santidad».
El sacrificio de la vida realizado entonces por los salesianos se convirtió en el fermento de once nuevas vocaciones, nacidas precisamente de aquel ambiente. Entre ellas, también la vocación de Karol Wojtyła. Él mismo lo expresaba así: «Recuerdo aquellos tiempos también de manera muy personal. Estoy convencido de que a la vocación sacerdotal, a la que llegué precisamente en aquel período y aquí en esta parroquia, contribuyeron las oraciones y los sacrificios de mis hermanos, de mis hermanas y de los pastores de entonces… Ellos pagaron no solo con la buena palabra, no solo con el noble ejemplo de su vida, sino también con el sacrificio de la sangre martirial» (30 de enero de 1972, homilía con ocasión del 25º aniversario del sacerdocio).
Aunque es difícil establecer con certeza si Karol Wojtyła tomó la decisión de hacerse sacerdote cuando fue testigo de los trágicos eventos que involucraron a los salesianos arrestados y deportados al campo, los testimonios conservados, especialmente las palabras sobre la conversión en sentido vocacional, permiten suponer que esta decisión, tan significativa para él, fue tomada bajo la influencia de aquel acontecimiento.
Sin duda tenía un contacto muy estrecho con los salesianos que prestaban servicio en Cracovia. Vivía en una casa a seiscientos metros de la iglesia y cada día, antes de ir al trabajo, participaba en aquella iglesia en la misa y en la oración privada, mientras que el siervo de Dios padre Ignacy Dobiasz, en febrero de 1940, celebró el funeral de su padre.
wp-content/uploads/images/PLS - GP II a Debniki - Beatificazione Jan Swierc e compagni 2026