Al cocinero se le ordenó llamar al maestro de novicios, el padre Raphael Paliakara. Sereno pero cauteloso, escuchó sus exigencias —dinero y la entrega de los novicios no locales— e intentó razonar con ellos mientras se encontraba en la cancha de baloncesto. Viendo que no regresaba, el padre Andreas Kindo salió, ofreciendo el dinero disponible pero negándose a entregar a ningún novicio. Pocos instantes después, el salesiano coadjutor Shinu Joseph pidió a los novicios que permanecieran en la capilla. Cada uno de ellos se mantuvo firme en su posición. Esta resistencia les costó la vida.
Los testimonios de los supervivientes
Los novicios recuerdan aquella noche con gran nitidez. Anthony Toppo recuerda el miedo que los atenazaba mientras la voz serena del padre Raphael los protegía. Thomas Josekutty, hoy dedicado al ministerio bíblico, recuerda haber escuchado al padre Andreas declarar: «Ningún novicio será entregado». Esas palabras le dieron valor, a pesar de que se oían los disparos. Igness Hans, un novicio local de Manipur, recuerda a Shinu como un hermano mayor que se convirtió en su escudo. Shyjan Job, hoy salesiano en Manipur, dice que aquella noche le cambió la vida. Diez novicios se convirtieron en sacerdotes, pero todos llevan consigo el testimonio de quienes dieron la vida para que otros pudieran vivir y servir.
Las circunstancias que condujeron a la tragedia
Los años 2000 y 2001 fueron turbulentos para la Iglesia de Imphal. Grupos militantes exigieron repetidamente dinero a las instituciones católicas, especialmente a las escuelas. Su estrategia era calculada: evitar atacar al clero local para prevenir conflictos intercomunitarios y concentrarse en cambio en sacerdotes y religiosos no locales. Los noviciados, que albergaban a muchos provenientes de fuera de Manipur, se convirtieron en blancos fáciles. En Ngarian, los militantes exigieron que los novicios no locales fueran separados, con la intención de matarlos como advertencia. Al negarse, estos salesianos encarnaron la fidelidad pastoral y lo pagaron con su vida.
Un contexto más amplio de violencia
La masacre de Ngarian se inscribe en un contexto de hostilidad militante hacia las instituciones cristianas en Manipur. En 1990, el padre Mathew Manianchira, director de la «Canchipur Catholic High School», fue asesinado a tiros por militantes del Frente Popular Revolucionario. En marzo de 2001, el padre Devasia, director de la «Don Bosco School» de Imphal, fue tiroteado a quemarropa tras negarse a ceder ante exigencias de extorsión; sobrevivió y posteriormente trabajó en el sur de India bajo nombre falso. Más tarde ese mismo año, el padre Tommy Manjalee, otro director de escuela salesiana, sobrevivió a un atentado de los militantes tras resistir exigencias similares. El 15 de mayo de 2001, los salesianos asesinados en Ngarian se sumaron a esta trágica lista.
Un legado preservado en el cine y en un memorial
La tragedia se recuerda a través del arte y el testimonio. «Los tres diamantes rojos de Kangleipak (Manipur): el precio del rescate» es un documental del padre Thomas Josekutty Madathiparambil, él mismo novicio presente aquella noche, y constituye un tributo viviente. En su película, la generosidad del sacrificio se contrapone a la arrogancia de la violencia, asegurando que la historia de estos salesianos siga inspirando.
La inscripción conmemorativa en Imphal —»Dieron la vida por nosotros»— no es solo un homenaje sino un testimonio. Su sacrificio proclama que los verdaderos pastores no abandonan a su rebaño, ni siquiera cuando son amenazados de muerte. Veinticinco años después, su testimonio sigue inspirando. Los novicios que salvaron, diez de los cuales se convirtieron en sacerdotes, son fruto vivo de su sacrificio.
Mientras la Iglesia en India conmemora este 25º aniversario, las víctimas de Ngarian se sitúan junto a otras víctimas misioneras en Manipur como símbolos duraderos de amor pastoral, resiliencia y fidelidad al Evangelio. Su historia es un recordatorio de que la fe, cuando es puesta a prueba, se convierte en valor —y el valor, cuando es vivido, se convierte en sacrificio.



