En un contexto marcado por dificultades sociales y continuos desplazamientos de poblaciones, la iniciativa ha querido reafirmar una convicción fundamental: más allá de las pertenencias religiosas, la dignidad de la persona humana representa el primer terreno de encuentro.
Para celebrar una de las festividades más importantes de la tradición musulmana, los estudiantes del Departamento de Hospitalidad y Restauración del “Don Bosco Technique” han preparado un almuerzo festivo destinado a las familias desplazadas acogidas en la estructura. La comida ha sido ideada, cocinada y servida gracias al compromiso de numerosos jóvenes, educadores y voluntarios salesianos.
“Hemos querido ofrecer mucho más que un simple almuerzo: compartir cercanía, amistad y un mensaje de esperanza”, explicaron los organizadores.
El evento se llevó a cabo en presencia del padre Simon Zakarian, superior de la Inspectoría Salesiana de Oriente Medio (MOR), de visita en el Líbano, junto con los hermanos salesianos, los Salesianos Cooperadores, los jóvenes del Oratorio Don Bosco y numerosos miembros de la comunidad educativa.
Desde hace varios meses, la comunidad salesiana acompaña y sostiene a familias refugiadas recibidas en El-Houssoun. Esta presencia se inserta en una misión más amplia de solidaridad, educación y promoción humana inspirada en el carisma de Don Bosco.
Particularmente significativa ha sido precisamente la posibilidad de reunir en torno a la misma mesa a personas pertenecientes a tradiciones religiosas diversas, en un clima de respeto mutuo, alegría y gratitud. Los niños, corazón de la misión salesiana, han participado además en actividades recreativas y formativas animadas por los jóvenes del Oratorio.
A través de esta iniciativa, la Familia Salesiana desea testimoniar que en el Líbano la convivencia no es solo un ideal, sino una realidad que se construye cada día mediante gestos concretos de acogida, solidaridad y fraternidad.
Con ocasión del Eid al-Adha, los Salesianos han querido recordar que servir al otro, acoger a quien está en necesidad y compartir sus alegrías y sus esperanzas constituye un lenguaje universal capaz de unir los corazones y fortalecer el tejido humano y social del país.
Un almuerzo compartido, un gesto simple pero de significado profundo: la fraternidad es más fuerte que las divisiones y la esperanza continúa naciendo cada vez que la persona humana es puesta en el centro.



