Polonia – Solemne acción de gracias tras la beatificación del padre Jan Świerc y sus compañeros en Oświęcim
El encuentro con los jóvenes
Más de cien jóvenes se reunieron con el padre Attard, en un encuentro que brindó la ocasión para dialogar sobre cuestiones importantes y cotidianas, tomar fotos de grupo y plantear preguntas a las que los jóvenes buscaban respuesta. Además, el XI Sucesor de Don Bosco recibió de los jóvenes un regalo especial: una camiseta conmemorativa de la beatificación.
Los participantes
Posteriormente, el padre Attard concelebró la misa de acción de gracias por la beatificación de los nueve salesianos mártires en el Santuario de María Auxiliadora – junto a numerosos otros sacerdotes, no solo salesianos –, presidida por el obispo de Bielsko-Żywiec, monseñor Roman Pindel, durante la cual también pronunció la homilía.
De la celebración participaron numerosos Salesianos de Don Bosco, Hijas de María Auxiliadora, representantes de la Familia Salesiana, jóvenes y Exalumnos salesianos provenientes de toda Polonia; también estuvieron presentes representantes de las presencias salesianas en Alemania, Eslovaquia, Hungría, Italia, Francia, Rumanía y otros países; y autoridades locales, entre ellas Iwona Gibas, miembro del Consejo de Administración de la región de Małopolska, y Janusz Chwierut, alcalde de Oświęcim, acompañado de su esposa.
La homilía de la misa
“La historia de estos nueve hijos de San Juan Bosco no comienza en el horror de Auschwitz y Dachau, sino en el silencio de la oración, en la humildad del confesionario y en la total confianza en Dios, incluso antes de que descendiera la oscuridad”, subrayó en su homilía el Rector Mayor, indicando luego tres rasgos fundamentales de la espiritualidad de los nuevos beatos: el deseo de conocer a Dios, la fe que madura en el sufrimiento y la libertad del corazón capaz de responder a la llamada de Cristo.
Refiriéndose a las palabras del profeta Oseas, subrayó que la verdadera relación con Dios nace de la búsqueda cotidiana y de la perseverancia. “La fe no se improvisa. Se construye a lo largo de los años, en el ritmo cotidiano de la oración y de la humildad”, afirmó. Así, añadió, los mártires salesianos encontraron la fuerza en el momento de la prueba, porque la habían buscado cada día.
Además, evocó la figura del beato padre Karol Golda – el más joven de los nueve mártires – y recordó su deseo juvenil de “aspirar a lo alto”, que realizaba a través de la adoración eucarística, la confesión frecuente y la lectura de la Sagrada Escritura. Arrestado por haber administrado el sacramento de la reconciliación a un soldado alemán, “no estaba guiado por el miedo, sino por el deseo de estar cerca de Dios”, subrayó el predicador.
Habló del beato padre Franciszek Harazim, definiéndolo como “un pilar espiritual de la Congregación salesiana en Polonia”, que permaneció fiel a los sacramentos hasta el final. Al morir en un campo de concentración, pidió a un hermano que lo confesara y lo absolviera. “La confesión fue el primer sacramento que aprendió a amar y el último que recibió”, subrayó el padre Attard.
El Rector Mayor habló de la fe que madura en el sufrimiento. Remitiéndose a la figura de Abraham en la Carta a los Romanos, recordó que las pruebas no destruyen la fe auténtica, sino que la purifican y la fortalecen.
Al hablar del beato padre Jan Świerc, el mayor del grupo de los mártires, el XI Sucesor de Don Bosco citó un testimonio que describe sus últimos momentos. El sacerdote rezaba diciendo: “Jesús, ten piedad de nosotros”, a pesar de la brutalidad de sus verdugos. “Su fe y su confianza en Dios nunca lo decepcionaron”, subrayó.
Recordó también al beato padre Ignacy Antonowicz – doctor en teología por la Universidad Gregoriana y veterano de guerra –, quien, tras haber sido brutalmente golpeado en Auschwitz, permaneció agonizante durante casi un mes en el hospital del campo. Sin embargo, “la fe nunca lo abandonó”, destacó.
El Rector Mayor citó luego un testimonio sobre el beato padre Ludwik Mroczek. Un compañero de prisión recordaba que las conversaciones con él llevaban consuelo y esperanza en medio del infierno del campo. “Su sencillez y su bondad tranquilizaban a las personas en medio de un mar de odio, sufrimiento y amargura”, citó el padre Attard. “El campo no lo destruyó. En él reveló su verdad”, añadió.
La tercera dimensión del testimonio de los mártires fue – según el padre Attard – la libertad del corazón. Remitiéndose al Evangelio de la llamada de San Mateo, subrayó que seguir a Cristo requiere libertad del miedo, del egoísmo y del apego al mundo. “Decir ‘sí’ a Jesús no es una cuestión de emociones momentáneas, sino de una profunda convicción del corazón”, afirmó.
“Nuetros mártires no predicaban desde lo alto del ambón. Enseñaban con su propio cuerpo, con sus decisiones y con la quietud de la oración, mientras el mundo gritaba que Dios no existe”, afirmó el padre Attard. Así, su testimonio se convierte hoy en una invitación a hacer un examen de conciencia sobre las propias decisiones, miedos y convicciones.
Al final de la homilía, el padre Attard recordó las palabras de San Juan Pablo II de 1999 sobre la luz de Cristo que resplandecía en las tinieblas de los campos de concentración gracias al testimonio de los mártires. «No temamos y dejemos que esta luz brille hoy también en nosotros», exhortó.
“No estamos aquí solo para recordarlos. Estamos aquí para acoger el desafío de su testimonio”, afirmó, pidiendo la gracia de conocer a Dios cada día, el valor en la hora de la prueba y de seguir a Cristo “con el corazón libre, lleno de alegría y de esperanza”.
La conclusión del superior de PLS
El superior de la Inspectoría Salesiana de Polonia-Cracovia (PLS), padre Dariusz Bartocha, al agradecer a todos los participantes en la ceremonia, subrayó la dimensión internacional de esta celebración común. Y dirigió palabras de especial gratitud a las familias de los nuevos beatos: “En su momento confiaron a sus hijos a la Familia Salesiana, y hoy los han reencontrado en la familia de los santos”, afirmó. Como subrayó, la alegría por la beatificación es una experiencia compartida por toda la Familia Salesiana.
También recordó que los nueve mártires estaban vinculados al santuario de Oświęcim y rezaban ante la imagen de la Virgen del Socorro, que será coronada en septiembre. “Esta acción de gracias debía realizarse precisamente en este lugar”, añadió. Al final, se dirigió a los jóvenes, animándolos a tener valentía en el discernimiento de la vocación: “Quizás alguno encontrará en su corazón la vocación de convertirse en salesiano o salesiana. Esta gran familia conduce por los caminos de la santidad”, concluyó.
Estas celebraciones dominicales fueron una hermosa y alegre acción de gracias por la beatificación de los nueve mártires salesianos: padre Jan Świerc, padre Ignacy Antonowicz, padre Ignacy Dobiasz, padre Karol Golda, padre Franciszek Harazim, padre Franciszek Miśka, padre Ludwik Mroczek, padre Włodzimierz Szembek y padre Kazimierz Wojciechowski.
Fuentes: Diócesis de Bielsko-Żywiec, Salesianos PLS
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