Raíces en Italia, corazón en América Latina
Nacido en Sondrio, en el norte de Italia, en 1920 en una familia numerosa y profundamente cristiana, Egidio Viganò encontró a Don Bosco a temprana edad y abrazó la vocación salesiana con convicción y generosidad. Como joven salesiano fue enviado como misionero a Chile, donde pasaría más de tres décadas de intensa actividad apostólica y académica. Su identificación con el continente era tan profunda que llegó a considerar América Latina como su “segunda patria” y era universalmente considerado “latinoamericano por adopción”.
En Chile conjugó el celo pastoral con una sólida formación teológica, obteniendo el doctorado en teología en la Universidad Católica de Santiago, donde posteriormente desempeñó los cargos de profesor y decano de la Facultad. Su lucidez intelectual y su fidelidad eclesial llevaron a los obispos chilenos a nombrarlo experto teológico (perito) durante el Concilio Vaticano II. En ese contexto siguió de cerca los desarrollos doctrinales y la renovación pastoral del Concilio, una experiencia que marcaría su visión para el resto de su vida. Posteriormente se dedicaría a “compartir el pan del Concilio” con la Familia Salesiana a través de sus cartas y su animación.
Rector Mayor y guía en los años posconciliares
Elegido Rector Mayor durante el Capítulo General de 1977, el padre Viganò fue reelegido por tres mandatos consecutivos, guiando la Congregación durante casi dieciocho años. En un período marcado por la renovación posconciliar y por profundos cambios culturales, ayudó a los Salesianos a vivir el carisma de Don Bosco en profunda fidelidad a la Iglesia, permaneciendo al mismo tiempo abiertos a los desafíos de los tiempos modernos, especialmente en los años que precedieron al Gran Jubileo del 2000.
Su magisterio como Rector Mayor es recordado especialmente a través de sus Aguinaldos anuales y sus ricas cartas circulares. Con profundidad intelectual y sensibilidad pastoral, insistió en el sentire cum Ecclesia – sentir y pensar con la Iglesia en obediencia y amor al Papa. Exhortó constantemente a la Familia Salesiana a renovarse en la fidelidad, a redescubrir la riqueza espiritual y pedagógica del Sistema Preventivo y a poner a los jóvenes – especialmente a los más pobres – en el centro de toda obra y proyecto.
Al servicio de la Iglesia universal
La estima de la que gozaba el padre Viganò se extendía mucho más allá del mundo salesiano. El papa San Juan Pablo II le confió numerosas responsabilidades consultivas, reconociendo en él a un lúcido intérprete de la vida consagrada y a un educador apasionado, atento a las cuestiones urgentes del mundo contemporáneo. Desempeñó el papel de miembro o consultor de diversos organismos pontificios, entre ellos el Pontificio Consejo para los Laicos, el Pontificio Consejo para la Familia y la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Entre 1980 y 1994 participó, por nombramiento papal, en varios Sínodos de los Obispos, ofreciendo valiosas contribuciones sobre temas como la evangelización, la familia, los laicos y la vida consagrada. En 1986 fue invitado a predicar los ejercicios espirituales para el Papa y la Curia Romana, signo elocuente de la confianza depositada en su profundidad espiritual y en su solidez doctrinal. Muchos lo describían como “un Don Bosco latinoamericano”, subrayando su capacidad de unir rigor teológico, creatividad pastoral y cercanía a las personas, especialmente a los jóvenes y a los pobres.
Una vida ofrecida en el sufrimiento y la esperanza
Los últimos años de vida del padre Viganò estuvieron marcados por la enfermedad, vivida con serenidad y abandono a la voluntad de Dios. Aunque progresivamente debilitado por el cáncer, nunca dejó de acompañar a la Congregación con la oración y el consejo mientras sus fuerzas se lo permitieron. El 23 de junio de 1995 murió en Roma, asistido por sus hermanos y espiritualmente rodeado por toda la Familia Salesiana extendida por el mundo.
La noticia de su fallecimiento fue recibida con profunda conmoción en las presencias salesianas de todos los continentes, entre las Hijas de María Auxiliadora, los colaboradores laicos y los numerosos jóvenes que lo habían conocido a través de sus visitas, sus escritos y su guía paterna. En la tradición salesiana, su muerte fue vivida no solo como un momento de luto, sino como una invitación a una renovada fidelidad a Don Bosco en la Iglesia de hoy.
Una herencia que sigue hablando hoy
El padre Egidio Viganò deja como herencia un rico patrimonio de reflexión teológica y espiritual, en particular a través de sus cartas como Rector Mayor, que continúan alimentando la identidad y la misión de la Familia Salesiana. En ellas propuso caminos de renovación arraigados en el Concilio Vaticano II, insistió en la centralidad de Cristo y de la eucaristía y señaló constantemente a María Auxiliadora como Madre y Maestra de los discípulos de Don Bosco. Sus reflexiones sobre el papel del director salesiano, sobre la comunidad como lugar de formación y misión y sobre la corresponsabilidad de los laicos dentro del carisma siguen siendo de extraordinaria actualidad.
Recordarlo hoy no es solo un acto de memoria histórica, sino una invitación a redescubrir la síntesis que él encarnaba: fidelidad a Don Bosco, a las Constituciones y a la Iglesia; y creatividad en la respuesta a los nuevos desafíos culturales y eclesiales. Con ocasión de este aniversario, la Congregación renueva su compromiso con una fidelidad valiente y gozosa, confiada en que el espíritu que animó al padre Viganò continúe dando fruto en la misión en favor de los jóvenes en todo el mundo.



