La eucaristía celebrativa
“Aunque la santidad es la meta de la vida de cada uno de nosotros y de toda la misión de la Iglesia, hoy nos reunimos como comunidad parroquial con el corazón lleno de gratitud y alegría para alabar a Dios por el don de la beatificación de uno de los nuestros, el beato padre Franciszek Miśka. En este templo, junto a esta pila bautismal, comenzó su camino de fe. Damos gracias al buen Dios por el don de su vida, por haber cumplido fielmente su vocación hasta el martirio y por la santidad confirmada por la Iglesia con el acto de beatificación”, afirmó padre Pękała al inicio de la celebración.
“Oremos juntos para que el beato interceda por las gracias necesarias para nuestra parroquia, para cada uno de nosotros, y para que con su ejemplo nos enseñe cada día a seguir fielmente el camino del Evangelio”, añadió.
En la homilía, monseñor Olszowski recordó que, entre los nueve mártires salesianos beatificados el 6 de junio, cinco procedían de Silesia y, de ellos, cuatro nacieron dentro de los límites de la actual arquidiócesis de Katowice.
“Los compañeros de prisión, recordando los últimos momentos de vida del beato padre Franciszek, escribieron que se fue plenamente consciente, consolando y animando a los demás hermanos a perseverar. Cumplía sus deberes con gran celo y conciencia. Era sinceramente piadoso y estaba profundamente unido a Dios. Su cordialidad y apertura, su cuidado por los alumnos, por los feligreses y, finalmente, por los compañeros de prisión, hacían que las personas sintieran por él respeto y confianza”, recordó el obispo.
Al mismo tiempo subrayó que la unión con Dios no significa una vida sin problemas: “También el beato padre Franciszek y los demás beatos experimentaron en su corazón diversos tipos de incertidumbres, de miedos… Quizá temían incluso todo lo que les esperaba. Porque, queridos míos, los miedos, como dice la Palabra de Dios de hoy, forman parte integrante de nuestra vida. San Pablo, en la segunda lectura, explica: Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así también la muerte alcanzó a todos los hombres, porque todos pecaron”.
Subrayó además que, en las experiencias difíciles, “no es Dios quien da la espalda al hombre, sino que muy a menudo es el hombre quien da la espalda a Dios. Y entonces empiezan las dificultades, los problemas. Es entonces cuando comienzan temores de diverso tipo, miedos de diverso tipo. El beato padre Franciszek nos recuerda que es posible permanecer fieles a Dios y a la Iglesia. Es posible superar estos diversos miedos y temores, incluso en circunstancias extremas y adversas. Porque, queridos amigos, nadie es capaz de privarnos de nuestra libertad interior”.
Y, para concluir, expresó este deseo: “Que el ejemplo del beato padre Franciszek Miśka sea para todos nosotros una ocasión de reflexión sobre nuestro modo de ser cristianos en este año pastoral, que vivimos bajo el lema ‘Discípulos-misioneros’. Somos discípulos de Jesucristo y, al mismo tiempo, misioneros y testigos. Que podamos ser testigos valientes, que no se echan atrás ante las adversidades y el sacrificio, incluso a costa de la vida. Hagamos nuestras estas palabras: ‘A quien me reconozca ante los hombres, también yo lo reconoceré ante mi Padre que está en los cielos’. Así actuaron los beatos. Así actuó el beato padre Franciszek. Que también nosotros podamos llevar a cabo esta tarea que se nos ha confiado”.
La inscripción en el registro de bautismos
Un momento importante de agradecimiento fue el acto público de inscripción en el registro de bautismos, junto a la nota relativa a los sacramentos recibidos por Franciszek Miśka, de la beatificación del padre Franciszek Miśka. Firmaron el obispo Grzegorz Olszowski y el párroco padre Marcin Pękała. No ocurre a menudo, y quizá en algunas parroquias nunca haya sucedido, que el párroco, junto con el obispo, añada en el registro de bautismos la mención: “beato”.
“Es un gran acontecimiento”, subrayó el profesor padre Jędrzejewski, autor de varias publicaciones dedicadas a los beatos mártires. Agradeció a los feligreses por mantener vivo el recuerdo del beato originario de la parroquia, y añadió: “Esta iglesia doméstica, local, parroquial ha dado un hombre así, un testigo de la fe como este. Todo esto no ha nacido de la nada. No se adquiere por casualidad. Esto se trae de casa, se trae de la propia iglesia”. E invitó a los fieles a dirigirse cada día con sus oraciones al beato padre Miśka y a inspirarse en su ejemplo, “para que quienes viven hoy sepan soportar el martirio de la conciencia, el martirio del coraje en las circunstancias en las que hoy toca vivir… La proclamación por parte de la Iglesia de una persona como beata o santa no es solo un sello que confirma su salvación, sino el testimonio de alguien que ya ha recorrido el camino y debe atraer a los demás”, concluyó.
Fuente: Radio eM
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