{"id":1036140,"date":"2026-05-21T22:00:00","date_gmt":"2026-05-21T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-30T00:00:00","slug":"trans-28132-9","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/infoans.news\/es\/trans-28132-9\/","title":{"rendered":"RMG \u2013 \u00abSignos de la Providencia\u00bb: Mar\u00eda Auxiliadora y los milagros documentados en la obra de Don Bosco (1866-1875) \u2013 Parte 1"},"content":{"rendered":"<p>Don Bosco, hombre concreto y prudente, escrib&iacute;a: &laquo;Por todas partes se ven efectos extraordinarios producidos por esta confianza en Mar&iacute;a Auxiliadora&raquo; y afirmaba con serena certeza: &laquo;Mar&iacute;a Auxiliadora es la art&iacute;fice de las gracias&raquo;. Sigue siendo c&eacute;lebre su expresi&oacute;n: <strong>&laquo;Cada ladrillo correspond&iacute;a a una <\/strong><strong>gracia&raquo;<\/strong><strong>,<\/strong> para indicar c&oacute;mo la propia Bas&iacute;lica hab&iacute;a surgido a trav&eacute;s de signos tangibles de la Providencia. Los hechos aqu&iacute; presentados, extra&iacute;dos de <em>las Obras Publicadas <\/em>(vol. XXVI) y de <em>las Memorias Biogr&aacute;ficas<\/em>, constituyen una selecci&oacute;n significativa de esa rica documentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En esta primera parte presentamos doce episodios documentados entre 1869 y 1875.<\/p>\n<p><strong>1. EL NI&Ntilde;O QUE VI&Oacute; LA LUZ (<em>Tur&iacute;n, enero de 1870<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Giuseppe, de siete a&ntilde;os, era ciego de nacimiento. Los m&eacute;dicos hab&iacute;an hablado sin vacilar: ceguera cong&eacute;nita, irreversible. La madre lo llev&oacute; a Valdocco y suplic&oacute; a Don Bosco. Tras la misa, el Santo bendijo una medalla de Mar&iacute;a Auxiliadora y la coloc&oacute; sobre los ojos del ni&ntilde;o, rezando en voz alta. Inmediatamente, los p&aacute;rpados temblaron: Giuseppe abri&oacute; los ojos y vio la luz, los rostros, a su madre. El m&eacute;dico, al que llamaron, certific&oacute; por escrito la curaci&oacute;n completa e inexplicable desde el punto de vista cient&iacute;fico.<\/p>\n<p><em>Fuente: Memorias Biogr&aacute;ficas vol. X \/ Obras Publicadas vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>2. VEINTE A&Ntilde;OS DE SILENCIO ROTOS EN UN INSTANTE (<em>Tur&iacute;n, marzo de 1871<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Teresa, de 45 a&ntilde;os, llevaba veinte a&ntilde;os sorda a causa de una fiebre violenta. Una vecina le regal&oacute; una medalla procedente de Valdocco. Teresa la coloc&oacute; bajo la almohada y rez&oacute; con fe sencilla. Al amanecer oy&oacute; claramente el tictac del reloj, la respiraci&oacute;n de su marido, el canto de los p&aacute;jaros. Tras dos d&eacute;cadas de silencio, el mundo volvi&oacute; a tener sonido. El domingo siguiente asisti&oacute; a la misa en Valdocco, escuchando al coro y al &oacute;rgano. Don Bosco le dijo: &laquo;&iexcl;A Ella le gusta tanto ayudarnos!&raquo;.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>3. LA DOBLE CURACI&Oacute;N: CIEGO Y MUDO (<em>Alessandria, mayo de 1872<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Carlo, de 24 a&ntilde;os, ciego y mudo de nacimiento, viv&iacute;a totalmente dependiente de sus padres. La madre hizo una novena a Mar&iacute;a Auxiliadora prometiendo ir descalza a Tur&iacute;n en caso de obtener la gracia. Durante nueve d&iacute;as coloc&oacute; la medalla sobre la frente de su hijo. El &uacute;ltimo d&iacute;a, Carlo pronunci&oacute; &laquo;mam&aacute;&raquo; y, al mismo tiempo, abri&oacute; los ojos. Vio y habl&oacute; en el mismo instante. La madre cumpli&oacute; su voto, recorriendo descalza 70 kil&oacute;metros hasta Valdocco, donde el joven cont&oacute; p&uacute;blicamente lo sucedido.<\/p>\n<p><em>Fuente: Memorias Biogr&aacute;ficas vol. XIII \/ Obras Publicadas vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>4. LA GANGRENA que DESAPARECI&Oacute; EN UNA NOCHE (<em>Tur&iacute;n, diciembre de 1869<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Pietro, un alba&ntilde;il de 32 a&ntilde;os, estaba ingresado con gangrena en la pierna; los cirujanos hab&iacute;an decidido amputarla a la ma&ntilde;ana siguiente. Don Bosco se dirigi&oacute; al hospital, coloc&oacute; la medalla de Mar&iacute;a Auxiliadora sobre la parte necr&oacute;tica y rez&oacute;: &laquo;Lo que los cirujanos no pueden hacer, Ella sabr&aacute; hacerlo&raquo;. Al amanecer, la gangrena hab&iacute;a desaparecido. Los m&eacute;dicos documentaron el caso por escrito. Pietro se cur&oacute; por completo y, durante el resto de su vida, ofreci&oacute; su trabajo gratuitamente a la Bas&iacute;lica.<\/p>\n<p><em>Fuente: Memorias Biogr&aacute;ficas, vol. X, 163 \/ Obras Publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>5. EL C&Aacute;NCER DE MAMA QUE DESAPARECI&Oacute; (<em>Vercelli, abril de 1873<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>A Anna, una mujer de 40 a&ntilde;os y madre de tres hijos, le hab&iacute;an diagnosticado un tumor maligno en el pecho, considerado incurable. Don Bosco le envi&oacute; tres medallas bendecidas con la indicaci&oacute;n de aplicarlas tres veces al d&iacute;a recitando tres Ave Mar&iacute;as. Su marido anot&oacute; los progresos: reducci&oacute;n del dolor, disminuci&oacute;n de la hinchaz&oacute;n, desaparici&oacute;n progresiva del n&oacute;dulo. Al cabo de diez d&iacute;as, el tumor ya no era palpable. El m&eacute;dico certific&oacute; la curaci&oacute;n inexplicable. Anna vivi&oacute; otros 35 a&ntilde;os.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>6. LA BRONQUITIS GANGRENOSA CURADA AL INSTANTE (<em>Tur&iacute;n, noviembre de 1870<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Domenico, de 19 a&ntilde;os, agonizaba a causa de una bronquitis complicada con gangrena pulmonar. Hab&iacute;a recibido la extremaunci&oacute;n. Don Bosco acudi&oacute; r&aacute;pidamente, coloc&oacute; sobre el pecho del joven la reliquia de San Francisco de Sales y la medalla de Mar&iacute;a Auxiliadora, rez&oacute; y dijo: &laquo;&iexcl;Domenico, lev&aacute;ntate!&raquo;. El joven abri&oacute; los ojos, respir&oacute; con normalidad y se incorpor&oacute;. El m&eacute;dico, al que se hab&iacute;a llamado, constat&oacute; que los pulmones estaban perfectamente sanos. Domenico se cur&oacute; definitivamente y m&aacute;s tarde se convirti&oacute; en salesiano coadjutor.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>7. LA EPILEPSIA QUE NUNCA VOLVI&Oacute; (<em>Chieri, agosto de 1871<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Francesco, de 16 a&ntilde;os, padec&iacute;a epilepsia desde los ocho a&ntilde;os, con crisis frecuentes y violentas. Llevado a Valdocco por su madre, rez&oacute; ante el altar de Mar&iacute;a Auxiliadora y recibi&oacute; la medalla en la frente. Las crisis cesaron por completo. En 1879 escribi&oacute; a Don Bosco confirmando que, tras ocho a&ntilde;os, no se hab&iacute;an vuelto a presentar.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>8. EL M&Eacute;DICO INCR&Eacute;DULO CURADO Y CONVERTIDO (<em>Tur&iacute;n, febrero de 1874<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>El doctor Emilio Gardini, m&eacute;dico de Tur&iacute;n abiertamente esc&eacute;ptico respecto a los milagros, sufri&oacute; una fiebre grave con neumon&iacute;a bilateral. En estado cr&iacute;tico, pidi&oacute; que lo visitara Don Bosco, quien rez&oacute; y le coloc&oacute; la medalla de Mar&iacute;a Auxiliadora. La fiebre ces&oacute; esa misma noche; en pocos d&iacute;as los pulmones se curaron. A la curaci&oacute;n f&iacute;sica le sigui&oacute; su conversi&oacute;n y un compromiso p&uacute;blico de fe.<\/p>\n<p><em>Fuente: Memorias Biogr&aacute;ficas, vol. XVI \/ Obras Publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>9. LA PAR&Aacute;LISIS VENCIDA TRAS A&Ntilde;OS DE INMOVILIDAD (<em>Asti, junio de 1872<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p>Caterina, de 38 a&ntilde;os, paralizada la mitad de su cuerpo, de su cintura para abajo, desde hac&iacute;a diez a&ntilde;os a ra&iacute;z de un parto dif&iacute;cil, comenz&oacute; a ungirse diariamente con aceite procedente de la l&aacute;mpara del altar de Mar&iacute;a Auxiliadora, seg&uacute;n la indicaci&oacute;n recibida. Al cabo de pocos d&iacute;as aparecieron signos de sensibilidad; en el plazo de unos meses volvi&oacute; a caminar. Seis meses despu&eacute;s se dirigi&oacute; a pie a Valdocco para dar las gracias.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>10. LA SE&Ntilde;ORA SALVADA DE LAS LLAMAS <em>(Tur&iacute;n, septiembre de 1870) <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Luigia Ferrero se vio envuelta de repente por las llamas cuando una l&aacute;mpara de aceite prendi&oacute; fuego a su vestido. Con el fuego rode&aacute;ndola, invoc&oacute; a Mar&iacute;a Auxiliadora apretando contra su pecho la medalla que hab&iacute;a recibido de Don Bosco. Las llamas se apagaron al instante. La ropa qued&oacute; carbonizada, pero su cuerpo permaneci&oacute; intacto, sin quemaduras. El m&eacute;dico, llamado inmediatamente despu&eacute;s, declar&oacute; el hecho inexplicable. Luigia atribuy&oacute; p&uacute;blicamente su salvaci&oacute;n a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a Auxiliadora.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI \/ Memorias biogr&aacute;ficas, vol. XV<\/em><\/p>\n<p><strong>11. EL ALBA&Ntilde;IL QUE CAY&Oacute; DESDE EL CUARTO PISO ILESO <em>(Tur&iacute;n, mayo de 1868) <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Giuseppe Baratta, alba&ntilde;il de 29 a&ntilde;os, se precipit&oacute; desde el cuarto piso de un andamio en Tur&iacute;n. Durante la ca&iacute;da invoc&oacute; a Mar&iacute;a Auxiliadora, cuya medalla llevaba consigo. Los presentes esperaban una muerte inmediata; en cambio, lo encontraron consciente y ileso. El m&eacute;dico constat&oacute; la ausencia de fracturas o contusiones, calificando el resultado de incomprensible. Giuseppe atribuy&oacute; su salvaci&oacute;n a la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a y continu&oacute; trabajando con devoci&oacute;n en la construcci&oacute;n de la Bas&iacute;lica.<\/p>\n<p><em>Fuente: Memorias Biogr&aacute;ficas vol. XVI \/ Obras Publicadas vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p><strong>12. LA TORMENTA DETENIDA SOBRE EL VI&Ntilde;EDO <em>(Monferrato, julio de 1871)<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El 15 de julio de 1871, una violenta granizada devast&oacute; los campos de Monferrato. Michele Rossi, un devoto campesino, hab&iacute;a colocado una medalla de Mar&iacute;a Auxiliadora en el l&iacute;mite de su vi&ntilde;edo, rezando por la protecci&oacute;n de la cosecha. Durante la tormenta, el granizo destruy&oacute; todos los campos circundantes, pero se detuvo exactamente en el l&iacute;mite de su propiedad. El vi&ntilde;edo qued&oacute; intacto. El hecho fue atestiguado por testigos y comunicado a Don Bosco como se&ntilde;al de protecci&oacute;n extraordinaria.<\/p>\n<p><em>Fuente: Obras publicadas, vol. XXVI<\/em><\/p>\n<p>Los doce episodios aqu&iacute; recogidos, comprendidos entre 1868 y 1875, muestran un hilo conductor claro: la confianza sencilla y concreta en la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a Auxiliadora. Curaciones de enfermedades consideradas incurables, protecciones ante peligros mortales, conversiones inesperadas: cada relato converge en un mismo elemento: la invocaci&oacute;n confiada y la mediaci&oacute;n de Don Bosco.<\/p>\n<p>Para Don Bosco, estos hechos no eran un espect&aacute;culo ni una b&uacute;squeda de lo prodigioso: eran signos pastorales, destinados a fortalecer la fe del pueblo y a recordar que Mar&iacute;a sigue actuando en la vida de sus hijos, y que no solo cura los cuerpos o salva de los peligros, sino que renueva los corazones, devuelve la esperanza y conduce a Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Bosco, hombre concreto y prudente, escrib&iacute;a: &laquo;Por todas partes se ven efectos extraordinarios producidos por esta confianza en Mar&iacute;a 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