RMG – “Cuando la belleza se encuentra con la santidad”: del 24 al 31 de enero una exposición sobre Vera Grita en la Basílica del Sagrado Corazón en Roma

De Vera Grita – salesiana cooperadora, sierva de Dios (1923-1969) – se ha dicho que era “una verdadera señora, siempre muy generosa”, a pesar de las estrecheces económicas que por diversas vicisitudes la habían marcado. Hija de una noble, Maria Anna Zacco della Pirrera, y de un fotógrafo-retratista apasionado de la belleza (Amleto Grita), además hermana de Giuseppina que con el seudónimo de «Casgrì» pintaba, incluso sobre láminas de oro y participando en exposiciones nacionales e internacionales, y de Liliana que publicó poesías dignas de nota, la sierva de Dios Vera Grita fue una mujer discreta, elegante en la sencillez, portadora de alegría y apasionada de una belleza que da luz a la vida.

Representa por tanto una iniciativa dos veces preciosa – y fuertemente querida por los Salesianos de Don Bosco – la de dedicar a Vera, al aproximarse la solemnidad de Don Bosco, algunos eventos en la Basílica del Sagrado Corazón de Roma: ante todo una exposición cuya dirección, seguida por el rector de la Basílica y director de la Sede Central padre Francesco Marcoccio, SDB, fue fuertemente deseada y realizada gracias a la pasión de Ilaria Mondati, educadora y artista. La exposición se abrirá en los espacios de la Basílica el 24 de enero de 2026, día de San Francisco de Sales, y permanecerá expuesta hasta el 31 de enero en la solemnidad de Don Bosco.

La exposición consistirá en ocho paneles explicativos, ante todo, de la vida de Vera y de una biografía interior suya, a cada uno de los cuales, sin embargo, se le asociará una obra de arte, realizada o por la misma Ilaria, o por los otros jóvenes artistas Adriano A. Manzo, Noemi Tiranti, Francesco Poddu. De este modo, el relato biográfico del siervo de Dios se entrelaza tanto con una profundización del carisma eucarístico que la marcó profundamente – hasta llegar a convertirse, en la Iglesia, en portavoz de la Obra de los Tabernáculos Vivientes – como con el lenguaje de las artes figurativas que expresan la misma pasión de Vera por Dios y por el mundo, a través de su propio estilo.

El 29 de enero, al término de la celebración eucarística presidida por padre Marcoccio, en presencia de otros salesianos, entre ellos el postulador general padre Pierluigi Cameroni, Lodovica Maria Zanet, colaboradora de la postulación, presentará la figura de Vera y la exposición. Seguirá, siempre en la basílica, un espectáculo de danza coréutica titulado “Sagrados corazones vivientes”, a cargo de la compañía de Sonia Nifosi.

Sonia, miembro de la Accademia nazionale di danza neoclassica e contemporanea de Roma (https://www.sonianifosi.it/biografia/), «coreógrafa, creadora de argumentos, guionista y retratista» que ha «estudiado y trabajado con maestros coreógrafos de todo el mundo» y se ha presentado también en la Sala Nervi en el Vaticano, al descubrir la figura de Vera Grita la sintió profundamente “hermana”, dejándose interpelar e involucrar por su testimonio. Así eligió dedicarle un espectáculo, nacido dentro de una experiencia de fe y servicio y del deseo de compartirla con otros, para dar alabanza a Dios.

Inspirándose en la imagen del «Tabernáculo Viviente» con la que Jesús ayuda a Vera a comprender cómo quien Lo recibe en la Comunión se convierte después en su “tabernáculo”, comunicando Su amor eucarístico a cada hermano, Sonia Nifosi y su grupo articularán a través de la danza coréutica la imagen de los “Sagrados Corazones Vivientes”, en los que nuestro propio corazón se convierte en morada del Corazón eucarístico y misericordioso de Jesús, y corazón misionero por los caminos del mundo.

Para los presentes, recorrer de nuevo la exposición podrá ser un camino de descubrimiento o redescubrimiento de la fe, pues el último panel – quizá el más precioso – explicitará un “mandato” para cualquiera que haya encontrado a través de estas iniciativas (gracias a Vera humilde instrumento) a un Jesús deseoso de ser acogido y “llevado” en nuestras vidas, a todos, comenzando por las familias.

Todos están invitados: Salesianos de Don Bosco e Hijas de María Auxiliadora; otros miembros de la Familia Salesiana; muchos jóvenes; cualquiera que, quizá esperando un tren, o en el frenesí de los ritmos de la capital italiana, o marcado por pobrezas y heridas existenciales, se encuentre cruzando el umbral de la basílica, dejándose sorprender por un Jesús vivo y amigo, que lo da todo de sí mismo y solo pide ser hecho partícipe de nuestra cotidianidad, para Él tan deseada, insustituible y preciosa.

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