RMG – XXV aniversario de la beatificación de José Calasanz Marqués, SDB, y treinta y un compañeros mártires

Con ocasión de la beatificación, el papa Juan Pablo II habló así de estos mártires en su homilía: «¡Cuántos ejemplos de serenidad y de esperanza cristiana! Todos estos nuevos beatos y muchos otros mártires anónimos pagaron con su propia sangre el odio a la fe y a la Iglesia desencadenado con la persecución religiosa y con el estallido de la guerra civil, esa gran tragedia vivida en España en el siglo XX. En aquellos años terribles muchos sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados simplemente por ser miembros activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy son elevados a los honores de los altares no estaban implicados en luchas políticas o ideológicas, no querían intervenir en ellas… Murieron solo por motivos religiosos. Ahora, con esta solemne proclamación del martirio, la Iglesia quiere reconocer en esos hombres y en esas mujeres un ejemplo de valentía y constancia en la fe, ayudados por la gracia de Dios. Son para nosotros un modelo de coherencia con la verdad profesada y al mismo tiempo honran al noble pueblo español y a la Iglesia».

Merece la pena recordar que en este grupo se encuentran las primeras mártires de las Hijas de María Auxiliadora, la hermana Carmen Moreno Benítez y la hermana Amparo Carbonell Muñoz, fusiladas al amanecer del 6 de septiembre de 1936, en el hipódromo de Barcelona.

Unos días antes, habían sido arrestadas junto a una tercera religiosa, enferma y recién salida del hospital, que fue puesta en libertad. La hermana Carmen, de cincuenta y un años, y la hermana Amparo, de cuarenta y tres, tenían la posibilidad de salvar su vida. Decidieron, en cambio, permanecer junto a su compañera hermana Carmen Xammar, recién operada y sin condiciones para viajar. La clave de lectura de la generosa entrega de las protomártires, que murieron juntas no lejos de su casa religiosa, es la caridad fraterna. La hermana Carmen, con veintiocho años de vida religiosa, y la hermana Amparo, con trece, en el momento de la necesidad supieron unir la exigencia concreta del servicio y la imitación evangélica de Jesucristo en el don de la vida por los demás. Junto a su fe, estaba la buena sintonía relacional entre ellas, que las hizo fuertes y valientes en la prueba vivida y ofrecida.

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