Malí – “La vida continúa, pero con preocupación”

La incertidumbre y la violencia vuelve a marcar la actualidad de Malí tras una nueva ofensiva insurgente que ha golpeado puntos estratégicos del país y ha vuelto a mostrar la fragilidad del país y de una crisis que se arrastra desde hace años. La inseguridad, los cortes de carreteras, la presión sobre la capital y el miedo de la población afectan a la vida cotidiana y agravan las dificultades de miles de familias. En el conjunto del país, la violencia y la inestabilidad han provocado el cierre de miles de escuelas y han dejado a cientos de miles de niños y niñas sin acceso a la educación.

“A día de hoy hay cierta normalidad en las actividades cotidianas”, explica Genel Joseph, cooperante de MISIONES SALESIANAS en Malí, “a pesar de que aún hay calles cortadas que protegen a los edificios públicos”. “Aquí en Bamako se produjo el ataque, pero no hay ocupación de territorio ni de localidades”, señala. Su testimonio ayuda a situar la realidad sobre el terreno: hay preocupación, pero la vida cotidiana continúa.

En este contexto, los misioneros salesianos en Malí siguen acompañando a la población y el trabajo educativo continúa también en Bamako, Sikasso y Touba. “Nuestra presencia se centra especialmente en los niños, niñas adolescentes y jóvenes más vulnerables, convencidos de que la educación y la formación profesional son una respuesta concreta frente a la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades”, explican los misioneros salesianos en el país.

Educación para construir cultura de paz

En Touba, los misioneros han impulsado durante años aulas de alfabetización, talleres de capacitación técnica, un centro deportivo, una escuela secundaria y un internado para estudiantes procedentes de aldeas rurales alejadas. La Escuela Secundaria San Juan Bosco atiende a más de cuatrocientos  jóvenes de diecisiete poblados, muchos de ellos en situación de exclusión social. “Antes muchos de los estudiantes tenían que recorrer grandes distancias para seguir con su educación. El centro dio la posibilidad a muchos jóvenes de seguir estudiando y de tener un lugar seguro para aprender y crecer”, explican los misioneros salesianos.

En Sikasso, el centro dedicado a María Auxiliadora, inaugurado hace cuarenta y cinco años, en 1981, es un oasis educativo que ofrece a la juventud local una escuela profesional, el oratorio-centro juvenil salesiano y una casa de acogida para los jóvenes.

En Bamako, el Centro de Formación Profesional Père Michel en el que estudian más de 650 jóvenes forma parte del convenio financiado por AECID para contribuir a la inserción sociolaboral de la juventud de Mali a través de una formación profesional de calidad, con enfoque de género, construcción de paz y acceso al empleo.

Malí vive una situación compleja, pero los misioneros salesianos no se marchan. Permanecen al lado de las comunidades, sostienen escuelas y talleres, acompañan a las familias y ofrecen algo que en tiempos de incertidumbre resulta imprescindible: esperanza, educación y oportunidades para construir paz.

Fuente: Misiones Salesianas

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