Italia – Fiesta de María Auxiliadora 2026: con la mirada puesta en María, para recibir al Espíritu Santo

La fiesta, en realidad, había comenzado ya el día anterior, sábado 23, también en este caso con celebraciones espirituales y gestos simbólicos de gran impacto. Por ejemplo, el Rosario y la misa vespertina estuvieron enmarcados por un homenaje de los Bomberos de Turín, que colocaron coronas de flores en las estatuas de los Arcángeles Miguel y Gabriel y en la Virgen, situadas en las cúpulas de la basílica; y con la maratón nocturna de oración al Espíritu Santo, sobre el tema “Perseverantes y unidos en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús” (Hch 1,14) «Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hch 1,14).

La vigilia, abierta por las primeras vísperas de Pentecostés, guiadas por el Rector Mayor, padre Fabio Attard, estuvo marcada por una liturgia penitencial, un Rosario, una misa nocturna, cantos y oraciones, momentos musicales acompañados por el arpa de la maestra Eleonora Savio, e incluyó también la inauguración de la nueva oportunidad de visita virtual a la Basílica.

Luego, toda la jornada del 24 de mayo transcurrió en un clima de evidente dinamismo: grupos de peregrinos, religiosos, devotos de toda nacionalidad, edad, color de piel… llenaron la Basílica de María Auxiliadora, así como los distintos patios y ambientes de Valdocco, para participar en las numerosas celebraciones y actividades programadas, con siete eucaristías previstas a lo largo de todo el día.

En la misa central de la mañana, la de las 11:00 (UTC+2) –tras las celebradas por representantes de institutos amigos, como el Cottolengo y el Seminario Mayor de Turín, y la del superior de los Salesianos de Piamonte y Valle de Aosta, padre Leonardo Mancini– el principal celebrante fue el cardenal Roberto Repole, arzobispo de Turín y obispo de Susa, quien en su homilía, retomando el Evangelio de Juan proclamado en la asamblea, observó cómo Pentecostés, la efusión del Espíritu Santo, “no es otra cosa que el desarrollo pleno, en el tiempo de la Iglesia, de la Pascua de Cristo”.

En este sentido, explicó además que recibir el Espíritu Santo significa “ser integrados en Cristo Resucitado” y, por tanto, “participar ya desde ahora en las energías de la Resurrección”; y la presencia de Jesús en el Cenáculo, que llega entre los discípulos reunidos a puertas cerradas en oración con María, aclara que el poder de Cristo ahora ya no tiene límites ni fronteras: “ya no hay lugar ni situación en la que Él no esté presente”. Una condición que se convierte también en envío para “los hombres y las mujeres de Pentecostés, que han recibido el don del Espíritu”: llevar adelante, sin reservas, la misión de Jesús, la misma que Él recibió del Padre.

Pentecostés, concluyó, significa por tanto que en cualquier condición y estado de ánimo, los cristianos están “presentes en Cristo Resucitado”, por lo tanto nunca solos, y ya no víctimas del miedo, sino animados a acoger el mandato divino de vivir “su misión”, no la propia.

Por la tarde, después de la bendición de los jóvenes, la adoración y las segundas vísperas y otra misa, el XI Sucesor de Don Bosco, padre Attard, presidió la misa especialmente dedicada a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS).

En la homilía, el Rector Mayor observó la coincidencia entre la solemnidad de Pentecostés y la Fiesta de María Auxiliadora, identificando en esta aparente “coincidencia” una “provocación” que permite leer “con ojos nuevos” el misterio de la venida del Espíritu Santo, pero también el misterio de María.

Así, exhortó a los jóvenes a tomar ejemplo de María y a seguirla en el camino de la vida a través de los tres verbos que marcaron su vida: “confiarse, abandonarse y dejarse guiar”.

El primer movimiento, el de confiarse, no es “una rendición pasiva”: “María no deja de ser protagonista de su propia historia”; al contrario, “lo llega a ser plenamente precisamente en el momento en que decide no retenerla más en su propio puño”.

Asimismo, el abandono “no es resignación pasiva”, sino “respuesta madura” de quien ha comprendido que “la vida más verdadera no se construye en solitario, sino que se recibe” y se convierte en espacio sagrado “porque algo más grande entra en mi corazón, en mi propia existencia”.

Por último, el dejarse guiar: observando el cambio de los apóstoles, encerrados en el Cenáculo “por miedo”, que se convierten en proclamadores del Reino después de Pentecostés, el padre Attard subrayó que lo que transformó sus corazones fue “el fuego del Espíritu” –que “no es romanticismo espiritual, no es un crucero: es una cruz”– y, sin embargo, “es lo más liberador que puede suceder”.

En conclusión, el XI Sucesor de Don Bosco invitó a los jóvenes: “Aprendamos de María los tres movimientos esenciales de la vida cristiana. Confiarse con determinación, abandonarse con sabiduría y dejarse guiar con gran alegría. Porque la vida es un don que Dios nos ha confiado y cuando lo aferramos como si fuera de nuestra propiedad, le quitamos el oxígeno, pero si lo confiamos a Dios, como hizo María, la vemos florecer, expandirse”.

Después de esta profunda reflexión, la asamblea de fieles se unió a los devotos reunidos en la plaza de María Auxiliadora, frente a la basílica, y a los grupos de oratorios y parroquias llegados de diversas realidades eclesiales y salesianas de toda la ciudad y del Piamonte, y acompañó en procesión la estatua de María Auxiliadora, debidamente iluminada y adornada con flores.

El tradicional cortejo mariano concluyó ante la iglesia, entre nuevos himnos, cantos y oraciones a la Virgen de Don Bosco, y con un sugestivo espectáculo de fuegos artificiales que, como nota especial de este año, quiso hacer aún más popular y festiva esta celebración tan querida por todos los que comparten el espíritu salesiano.

En declaraciones a ANS, el rector de la Basílica de María Auxiliadora, padre Michele Viviano, expresó profunda satisfacción por el resultado de toda la preparación y por la extraordinaria participación de los fieles. Tras los años marcados por las restricciones de la pandemia, subrayó con alegría el clima sereno y participativo que se ha vivido en estos días.

“Ha sido muy conmovedor –afirmó– ver a niños, ancianos, personas en silla de ruedas, una multitud inmensa caminar juntos en la procesión por las calles alrededor de Valdocco, honrando y rezando a nuestra Virgen. Una imagen concreta de Iglesia que camina unida, en la fe sencilla y profunda del pueblo de Dios”.

El padre Viviano también reiteró que la Madre Auxiliadora continúa obrando gracias y signos de su presencia también hoy, como en los tiempos de Don Bosco. Los fieles –observó– sienten como verdaderas y actuales las palabras del Santo de los jóvenes: “Tened fe en María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros”. Y también este año, en Valdocco, esa promesa pareció resonar con fuerza en el corazón de todos.

{gallery}ICP – Festa MA 2026{/gallery}

Related News​

Scroll al inicio
This site is registered on wpml.org as a development site. Switch to a production site key to remove this banner.