RMG – Comienza la sesión del Consejo General: las primeras “buenas noches” estuvieron a cargo del padre Alphonse

Las primeras buenas noches fueron confiadas al padre Alphonse Owoudou, Consejero Regional para África Central y Occidental, quien compartió una reflexión nacida de una serie de experiencias vividas en los últimos meses en diversas realidades de África centro-occidental. Estas experiencias, aunque diversas en cuanto a geografía y cultura, convergen alrededor de una única pregunta fundamental: cómo acompañar hoy, con fidelidad y creatividad, el camino formativo y profético de la Iglesia y de la Congregación.

La formación no es una línea recta
El padre Owoudou recordó, ante todo, el Curatorio de Yaoundé, en su inspectoría, cruce estratégico para la formación en la región, donde se encuentran el centro de coadjutores –único en su género en África– y el teologado francófono, actualmente en fase de renovación. Este año un grupo de quince estudiantes de primer año de teología cursa en la Universidad Católica, mientras quienes ya habían comenzado prosiguen en la Escuela de Teología San Cipriano: una novedad, ha subrayado el consejero, que requiere ser profundizada para armonizar los dos itinerario y readaptar el programa de la casa.

Ha seguido el Curatorio de Lomé, enriquecido por la presencia de numerosos inspectores y por la colaboración con padre Silvio. El trabajo sobre los estatutos, a la luz del reciente Capítulo General y de la quinta edición de la Ratio, ha hecho ver que las estructuras no pueden ser simples contenedores organizativos, sino que deben encarnar una visión teológica y pedagógica coherente con los desafíos contemporáneos.

El padre Owoudou ha recordado luego la visita al noviciado de Ghana, momento de escucha privilegiada a través del encuentro con formadores, novicios y tirocinantes, que permitió captar tanto la vitalidad como las fragilidades de los itinerarios vividos en el terreno: «como en un taller vivo», ha explicado, «la formación no es una línea recta, sino un proceso dinámico, hecho de tensiones, esperas y descubrimientos».

La situación en Haití
Una mención particular ha sido dedicada a la situación de Haití, marcada por grave inestabilidad, que ha impuesto una modalidad diversa de acompañamiento mediante encuentros online con hermanos, jóvenes en formación y formadores. A pesar de las dificultades, estos encuentros han revelado una sorprendente capacidad de resiliencia, tocando temas como confianza, miedo, ambiciones y discernimiento.

El padre Owoudou ha querido subrayar el coraje de los hermanos haitianos, siempre sostenidos por la animación de padre Morachel, inspector, y de su Consejo. Ha compartido la alegría de haber sido alcanzados recientemente, por vía internet, por el mismo Rector Mayor, y tres veces por el Consejero Regional para África: un signo concreto de cercanía al resto de la Congregación, también en la distancia impuesta por las circunstancias.

En este contexto, la lectio divina inspirada al relato de Emaús (Lc. 24), titulada “No tengas miedo de la verdad”, nació precisamente de la necesidad de abordar un tema que ha emergido con claridad en algunas casas de formación: el miedo –miedo al juicio, miedo a no ser acogidos, miedo que reaparece en momentos delicados como los escrutios y las admisiones–. De aquí el riesgo, ha advertido el consejero, de deslizarse hacia dos pedagogías paralelas y en tensión entre sí: la propiamente preventiva, fundada en los pilares de razón, religión y amorevolezza, y otra, menos preventiva y tal vez abiertamente represiva, que genera distancia en lugar de confianza. El relato de Emaús ofrece entonces una clave interpretativa alternativa: Jesús se presenta como el compañero que alcanza al caminante en el camino, que escucha antes de hablar, y que solo después pronuncia una palabra fuerte –pero una palabra que no amenaza y no humilla–. «El formador, como Cristo», ha explicado el padre Owoudou, «está llamado a hacerse compañero de camino, capaz de escuchar, iluminar y enviar»: un modelo de formador, de superior, de compañero de viaje, para decirlo en términos sinodales.

Una nueva inspectoría y un nuevo obispo
El padre Owoudou ha citado además la erección de la nueva inspectoría de África Tropical Ecuatorial, ocurrida el 24 de junio, definiéndola como un cambio no sólo administrativo sino simbólico, que marca el paso a una mayor madurez eclesial. Ha subrayado, no obstante, cómo la complejidad del contexto (cinco países, tres lenguas, distancias considerables y fragilidades sociopolíticas) requiere un acompañamiento atento y constante.

El consejero ha dedicado, finalmente, amplio espacio al sunto de monseñor Miguel Ángel Nguema Bee Etete, salesiano, que, aunque es obispo desde 2017, ha vivido en estos meses un paso significativo: no una ordenación episcopal, sino el traslado de la diócesis de Ebebiyín a la de Bata, en Guinea Ecuatorial, que ya administraba como administrador apostólico desde diciembre de 2024 y de la cual el Santo Padre lo ha nombrado obispo residencial el pasado 14 de mayo de 2026.

Nacido en Bata el 13 de julio de 1969 y ordenado sacerdote en 2000, monseñor Nguema ha sido inspector de ATE durante dos años (2015-2017), después de dos trienios como vicario inspectorial al lado de padre Manolo Jiménez. Obispo de Ebebiyín desde el 1º de abril de 2017 (consagración episcopal el 20 de mayo del mismo año), ha guiado la diócesis de Bata como administrador apostólico antes de ser nombrado pastor propio: un camino que lo ha visto protagonista, en este papel, también del encuentro de papa León XIV con los jóvenes en el estadio de Bata, en abril de 2026.

El traslado a Bata tiene para él un significado particular: es la ciudad donde nació y donde fue ordenado sacerdote. En la homilía de la celebración, monseñor Nguema ha confiado la alegría de «volver a casa», acogido por la conmoción manifiesta de los fieles, y ha querido subrayar su propia identidad de hijo de Don Bosco, siempre sostenido por su familia religiosa en nueve años de servicio a la Iglesia local.

Particularmente incisivos, ha recordado padre Owoudou, fueron también los dos mensajes centrales de la homilía: el primero sobre la vida comunitaria de los sacerdotes, para lo cual no basta compartir un espacio, sino que es necesario construir relaciones auténticas capaces de testimoniar la comunión eclesial; el segundo, de fuerte valencia profética, sobre la libertad de toda afiliación política. «Ser obispo para todos», ha reiterado el consejero, no es un slogan, sino una elección exigente, que implica el coraje de renunciar a privilegios y protecciones para custodiar la libertad del Evangelio.

Como Cristo y como los profetas
Concluyendo su mensaje, padre Owoudou ha afirmado que todas estas experiencias convergen hacia una misma convicción: la dimensión profética no es un elemento accesorio, sino constitutivo de la vida cristiana y religiosa. Como Cristo y como los profetas, ha dicho, estamos llamados a un testimonio que no teme el costo de la verdad: incluso cuando esto comporta la pérdida de seguridades o de reconocimientos, es precisamente en esta libertad que el Evangelio revela toda su fuerza transformante.

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