Jerusalén – El padre Rafael Bejarano a visita Tierra Santa

La llegada del padre Bejarano tuvo lugar el domingo 18 de enero. La primera jornada se desarrolló en el estudiantado teológico salesiano «Ratisbonne», en Jerusalén, y estuvo dedicada al encuentro con la comunidad y, de modo particular, con los jóvenes salesianos. Fue un momento valioso para reforzar los vínculos, escuchar las expectativas y las esperanzas de las nuevas generaciones y ofrecer formación y guía en la huella de la vocación recibida. En un tiempo marcado por fragilidades e incertidumbres, la presencia del Consejero General se hizo signo concreto de una Congregación que acompaña, sostiene y camina unida.

El lunes 19 de enero la visita prosiguió en Betgemal, donde el encuentro con la comunidad fue una ocasión sencilla, pero intensa, de fraternidad y de compartir. Por la tarde, el traslado a Cremisan permitió al padre Bejarano encontrarse con sus hermanos de la comunidad inspectorial, favoreciendo un clima de diálogo sincero y de comunión, atento a los desafíos pastorales y al camino común.

Al día siguiente, el Consejero General para la Pastoral Juvenil se dirigió a Nazaret, cuna del «heme aquí» silencioso de María y de la vida escondida de Jesús. Allí permaneció durante dos días, enteramente dedicados al encuentro y al compartir de la vida pastoral con los jóvenes y con los miembros de la comunidad educativo-pastoral (CEP). Fueron días ricos de escucha, de diálogo y de fraternidad, durante los cuales emergió con fuerza la centralidad de los jóvenes y la necesidad de una presencia educativa fiel al carisma salesiano.

El viernes 23 de enero el camino condujo a Belén. La ciudad del nacimiento de Jesús, signo de una esperanza que brota en la pobreza, representó el espacio conclusivo de este itinerario, ideal para recoger lo vivido y confiárselo al Señor. También aquí el padre Bejarano ofreció momentos de formación y de acompañamiento a los miembros de la comunidad pastoral y se encontró con los miembros de la CEP y con los jóvenes, animándolos a vivir con pasión y responsabilidad su propio camino humano y cristiano.

La visita se reveló como un signo concreto de cercanía y de formación, capaz de alentar y confirmar la vida y la misión salesiana, invitando a todos a mirar al futuro con renovada confianza. El tiempo compartido fue un don valioso para las comunidades: un fuerte llamado a reavivar el impulso pastoral, permaneciendo profundamente arraigados en la Tierra de Jesús y, al mismo tiempo, abiertos a los desafíos del presente, con corazón fraterno y espíritu de esperanza. 

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