Toda la comunidad se reunió en torno al sucesor de Don Bosco: salesianos, feligreses, jóvenes, familias, autoridades civiles y militares llenaron la iglesia, dando testimonio de un vínculo que, desde hace ciento cincuenta años, sigue moldeando el rostro educativo y social de Vallecrosia.
La homilía: «Jesús no evita los lugares difíciles»
Durante la homilía, don Attard propuso una profunda reflexión sobre el Evangelio del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo. En primer lugar, recordó un detalle significativo: para un judío no era normal atravesar Samaria, tierra considerada hostil. Sin embargo, Jesús elige precisamente ese camino.
«Jesús no evita los lugares difíciles», subrayó, «no elige solo los caminos cómodos o las situaciones fáciles. Va precisamente allí donde hay divisiones, desconfianza, muros». Aún más sorprendente es el diálogo con una mujer samaritana, en una época en la que tales encuentros públicos eran culturalmente impensables. Jesús se presenta cansado, sediento, vulnerable. No como un héroe, sino casi como un mendigo: «Dame de beber».
De ahí la invitación a no huir de las situaciones complejas, de las periferias existenciales, de las fragilidades personales y sociales. «A menudo nos sentimos tentados de evitar lo que es complicado. Pero el Evangelio nos dice que también esos lugares deben ser habitados. También allí Dios quiere encontrarse con las personas». Los dones recibidos —la alegría, la serenidad, la fe— no son propiedad privada, sino una responsabilidad que hay que compartir. «A veces basta poco —dijo—: un pequeño cubo de agua puede cambiar el mundo».
La mujer, inicialmente recelosa, se deja involucrar por el diálogo. Después del encuentro con Jesús, deja su jarra y corre a la ciudad. Se convierte en testigo. No proclama certezas absolutas, sino que comparte una experiencia: «Venid a ver…». «En el fondo —añadió el Rector Mayor—, todos somos un poco como la samaritana: personas heridas, imperfectas, pero capaces de encontrar a Jesús».
De ahí la llamada directa a la responsabilidad educativa: «Todos los salesianos tenemos una gran responsabilidad: tomarnos en serio nuestra relación con Jesús y el Evangelio, porque en la medida en que nos lo tomamos en serio, comprendemos realmente a Don Bosco». Don Bosco, explicó, no hizo más que traducir el Evangelio a la realidad concreta de la vida cotidiana, a través de la razón, la religión y el amor, creando ambientes de empatía, serenidad y acogida para los jóvenes. «Mi deseo —concluyó— es que seamos lugares de alegría y esperanza, y que los jóvenes sigan siendo siempre amados por la bondad salesiana. Porque el amor es la esencia misma de Dios».
El mensaje del alcalde: «El Ayuntamiento está abierto a los jóvenes»
Al término de la celebración, el alcalde Fabio Perri expresó la emoción de la ciudad por estos tres días de fiesta: «Nunca podremos olvidar estos tres días». Recogiendo la invitación del Rector Mayor de traducir las palabras en decisiones concretas, el primer ciudadano dirigió un mensaje directo a los jóvenes: «No solo está abierto el oratorio: a partir de hoy, nuestro Ayuntamiento está abierto a cualquier joven que necesite pedir apoyo o ayuda a las instituciones».
Recordando una famosa expresión del Papa Francisco: «Hacer política es la mayor y más alta caridad que se puede hacer», el alcalde reiteró que el compromiso de la administración es el servicio a la comunidad, especialmente a las nuevas generaciones. «Nos has cargado de una fuerza y una alegría que nos llevará a poner en práctica tus palabras», dijo dirigiéndose a don Attard, y concluyó con un deseo para la comunidad y para todas las mujeres en el día 8 de marzo.
La gratitud de la Familia Salesiana
El padre Roberto Colameo, inspector, destacó el clima de afecto y participación que caracterizó las celebraciones: «Vallecrosia quiere a Don Bosco, y la señal más elocuente la hemos visto en estos días, al veros a todos tan activos y eficaces».
Agradeció a la pequeña pero significativa comunidad salesiana local —el padre Simone, el padre Mario, el padre Natale y el padre Daniel— recordando que esta ha sido la primera visita del Rector Mayor a una obra de la inspectoría. «Nosotros, los salesianos, sin los jóvenes y sin los laicos, no somos nada», reiteró, expresando también su gratitud a las autoridades y al Cuerpo de Carabinieri por la cercanía demostrada.
Un aniversario que se convierte en compromiso
La celebración eucarística selló así tres días que unieron memoria y futuro, gratitud y responsabilidad. No se trata de una simple conmemoración histórica, sino de un pacto renovado entre la ciudad y el carisma de Don Bosco. A ciento cincuenta años de su llegada a Vallecrosia, la obra salesiana sigue siendo una presencia viva: en el oratorio, en la parroquia, en la escuela, en las instituciones y en el corazón de la comunidad.
La visita del XI Sucesor de Don Bosco ha reforzado un vínculo que no solo pertenece al pasado, sino que se proyecta hacia el futuro: un compromiso compartido para que cada joven pueda encontrar puertas abiertas, adultos creíbles y la certeza de ser amado. Y así, mientras se cierran las celebraciones, se abre un nuevo capítulo: el de una comunidad que sigue eligiendo, juntos, caminar junto a los jóvenes con razón, fe y amor.
{gallery}Messa Finale RM – Vallecrosia 8.3.26{/gallery}