Tras un vuelo de más de una hora, el papa León llegó a las 10:32, hora local, a Annaba, adonde ya había estado dos veces, en 2004 y 2013. Lo recibieron la lluvia, el obispo de Costantine-Hippona, monseñor Michel Jean-Paul Guillaud, y los ministros de Asuntos Exteriores y de Cultura argelinos.
La primera cita fue la visita al sitio arqueológico de Hipona, donde se conservan los restos de la ciudad romana y de la cristiana, entre ellos la llamada Basílica Pacis, en la que san Agustín ejerció su ministerio. El Papa recorrió las ruinas y, al final del trayecto, depositó una corona de flores, se dio un espacios para un breve momento de oración, y plantó un olivo, símbolo de paz. León XIV permaneció durante algunos instantes absorto en oración, con las manos juntas. Mientras tanto, se elevaron al cielo plomizo y cargado de lluvia unas palomas blancas, mientras el corodel Instituto de la Música de Annaba entonaba cantos en latín, bereber y argelino, con textos del obispo de Hipona sobre la paz y la fraternidad.
Trasladándose en automóvil, el Santo Padre se dirigió luego a visitar la casa de acogida de las Pequeñas Hermanas de los Pobres, donde nueve religiosas cuidan de una cuarentena de huéspedes, incluidos algunos musulmanes y el arzobispo emérito de Argel, monseñor Paul Jacques Marie Desfarges, que en un breve testimonio citó la “ternura” de las monjas hacia los ancianos.
“Al escucharla y ver su presencia aquí en medio de los hermanos y hermanas ancianos, se impone espontáneamente alabar a Dios y darle gracias”, respondió el Pontífice. “Ver una casa como esta –añadió– hace pensar: entonces hay esperanza. Porque el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, las violencias y las injusticias”.
La mañana de León XIV incluyó todavía un encuentro privado con la comunidad de los religiosos agustinos y, después del almuerzo, en la Basílica de San Agustín, el Pontífice celebró la misa, en lengua francesa, y exhortó a los cristianos de Argelia a ser humildes testigos del Evangelio y a cultivar el diálogo en la vida cotidiana. “En esta tierra, queridos cristianos de Argelia, permanezcan como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día tras día: así dan sabor y luz allí donde viven”.
“Un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvación” es posible si nos confiamos a Dios, anima el Pontífice, incluso cuando hay “problemas, trampas y tribulaciones (…). No importa cuánto nos oprima el dolor o el pecado, el Crucificado lleva todas estas cargas con nosotros y por nosotros”.
Y antes de impartir su bendición, León XIV se dirigió a todos con unas conmovedoras palabras improvisadas: “Considero este viaje como un don especial de la Providencia de Dios (…). Y me parece que puedo resumirlo así: Dios es Amor, es Padre de todos los hombres y de todas las mujeres. Dirijámonos a Él con humildad, confesemos que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo. Necesitamos de Él, de su misericordia. Solo en Él encuentra paz el corazón humano y solo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos hermanos, caminar por sendas de justicia, de desarrollo integral y de comunión”.



