Como él mismo explicó, durante años muchas familias durmieron bajo frágiles lonas de plástico, tendidas sobre palos de bambú, en las calles de Calcuta. Con cada temporada de monzones, el crecimiento de las aguas amenazaba con arrastrar su frágil refugio. Son historias como la de Mohammed Salim y sus hijos, que durante mucho tiempo vivieron en esta precaria realidad. «El primero de mayo pasado, ese miedo desapareció por fin, cuando su familia cruzó el umbral de una casa de ladrillos y lámina: un hogar que podían llamar propio», añadió el salesiano.
«Queremos agradecer a los Salesianos y al padre George por haberse acordado de nosotros cuando nadie más lo hizo. Ahora mis hijos pueden dormir en paz», comentó Salim.
La inauguración de estas nuevas viviendas de bajo costo, en la barriada de Kapali Bagan–Narkeldanga, marcó un punto de inflexión para las familias que desde hace tiempo vivían en precarias chozas a orillas del canal. Expuestos al riesgo de incendios, inundaciones, enfermedades e inseguridad, ahora se trasladan a viviendas permanentes que garantizan seguridad, saneamiento y dignidad.
La iniciativa, liderada por los Salesianos de Calcuta, ha ido cambiando progresivamente la vida de muchas personas desde su inicio, hace siete años. Con la última incorporación, el proyecto ha completado ahora seiscientas setenta y ocho casas, cada una de las cuales ha sido entregada a las familias más necesitadas. Los beneficiarios expresaron su sincera gratitud. «Esta casa es más que un refugio: es dignidad. Mis hijas pueden crecer sin miedo», dijo Shabana Begum, madre de tres hijos.
La ceremonia de inauguración reunió a los líderes locales, a los representantes de la Inspectoría Salesiana de India-Calcuta y a los residentes, quienes celebraron juntos, con alegría, este logro. El evento subrayó el poder de la compasión colectiva para hacer frente a la pobreza urbana y puso de relieve el compromiso de los Salesianos con el desarrollo integral de la comunidad.
Reflexionando sobre este camino, el padre Mathew George afirmó finalmente: «Cada familia merece un techo que la proteja, un espacio que sea acogedor y un hogar que le devuelva la dignidad. Estas viviendas no son solo refugios, sino símbolos de solidaridad y esperanza».
Este proyecto de vivienda popular representa un faro de lo que la acción humanitaria guiada por la fe puede lograr. Ofrece un modelo para iniciativas similares en toda la India, recordando a la sociedad que con compromiso y compasión la transformación es posible, incluso en los rincones más remotos de cada ciudad.



