La mañana se inauguró con la intervención de Madre Chiara Cazzuola, Madre General de las Hijas de María Auxiliadora, quien destacó la expresión femenina del carisma salesiano, repasando la relación y la complementariedad entre Don Bosco y Madre Mazzarello y esbozando algunos rasgos característicos de esta última. A través de estas reflexiones, Madre Chiara Cazzuola ha puesto de relieve cómo, en virtud de la misión educativa, el carisma salesiano solo es completo si logra armonizar la contribución femenina y masculina, en una dinámica de reciprocidad: hay un dar y un recibir que enriquece y potencia las energías y los proyectos de bien. Ser portadores y testigos del carisma es un camino que exige actuar juntos, tejiendo redes, en plena sinergia. En esta perspectiva, la Madre General ha subrayado la convicción de que el Congreso es una valiosa oportunidad para relanzar la vocación y la misión salesianas en la perspectiva de la reciprocidad.
A la intervención de Madre Chiara le siguió una breve mesa redonda con los representantes mundiales de los grupos de la Familia Salesiana: Bryan Magro, Olivia Furlan, Guido Pedroni y Margherita Fiorito, coordinada por el Coordinador Mundial Antonio Boccia. Un momento especialmente emotivo fue cuando, por sorpresa, los nietos de Antonio Boccia entregaron a los participantes las placas conmemorativas.
La mañana continuó con la intervención de Antonio Boccia, quien ofreció al público una visión de la situación de la Asociación desde un punto de vista privilegiado, el del Consejo Mundial. El camino comenzó en 2018 con un objetivo claro: adquirir una mayor conciencia de la vocación de los Cooperadores Salesianos y dar mayor visibilidad a la Asociación. Antonio Boccia contó la historia de un grupo de hermanos y hermanas que han tratado de guiar a la Asociación en un período complejo, sentando las bases de su camino en cinco pilares fundamentales:
– Caminar junto a los jóvenes;
– ser testigos creíbles y alegres de la vocación, realizando proyectos de esperanza, de fe y de vida con y para los jóvenes;
– Adoptar como modalidades operativas los cuatro factores clave de la comunión en la diversidad; asumir la misión compartida como propuesta vocacional; comprometerse en una formación integral cristocéntrica vivida en comunión con toda la Familia Salesiana; crecer en una autonomía solidaria;
– tener como valores guía no negociables la fidelidad carismática (saber actualizar el espíritu de Don Bosco), un fuerte sentido de pertenencia, el espíritu de familia y la responsabilidad compartida;
– poner en marcha procesos de conversión que evoquen las siguientes dinámicas de crecimiento: cultivar una espiritualidad profunda para ir hacia los jóvenes, interiorizar el PVA, salir de nuestra «zona de confort» para ir hacia las periferias existenciales y construir comunidades de referencia sólidas.
El informe también ha sido una ocasión para reflexionar sobre las dificultades, pero también sobre la capacidad de respuesta de la Asociación durante el periodo de la pandemia. Si bien, por un lado, todos los proyectos y encuentros previstos parecían sufrir un gran revés, por otro lado ha sido un momento de resiliencia y vitalidad. La Asociación, en aquellos tiempos, vivió el mundo de otra manera, apostando por el proyecto «Maiorano» para financiar microproyectos en las zonas más afectadas por la pandemia.
El repaso de los distintos años de mandato del Consejo Mundial se interrumpió para mostrar y presentar los rostros de todos aquellos que han trabajado juntos durante estos ocho años de mandato, como testimonio de un trabajo en equipo y de familia vivido con la misma pasión por los jóvenes.
Para cerrar la intervención de Antonio Boccia, tras un análisis en profundidad de los puntos fuertes y débiles de la Asociación, se expusieron los sueños para el futuro; sueños ricos e importantes que se dejan en herencia al futuro Coordinador Mundial. Pero, sobre todo, una advertencia para toda la Asociación: los sueños que se sueñan en solitario siguen siendo ilusiones, los que se sueñan juntos se hacen realidad.
Para hacer realidad el sueño compartido, por la tarde se celebraron los trabajos en grupo divididos por región. A partir las reflexiones de la mañana, se invitó a los participantes a identificar los retos pendientes del mandato anterior y aquellos que, en los próximos años, llaman a la Asociación a ser levadura en la Familia Salesiana, entre los jóvenes y las familias.
El último y emotivo momento de la jornada fue la celebración de la oración itinerante del «Via Lucis», con la intención y el deseo de que se convierta en un camino de fe para llevar la sonrisa de Jesús resucitado a la vida cotidiana de cada uno, allí donde el Señor nos llama.



