El Salvador – El compromiso salesiano internacional para fortalecer la formación profesional de las mujeres

El objetivo del proyecto, de cuatro años de duración, era mejorar la formación a través de la ampliación y la diversificación de los cursos ofrecidos. Se propusieron doce nuevos cursos breves y cuatro cursos más largos, que enseñaron a las mujeres competencias técnicas no tradicionales.

Las instituciones salesianas han revisado además sus políticas en materia de género, medio ambiente, recursos humanos y gestión de riesgos. Se han logrado progresos en la reducción del impacto ambiental de los laboratorios, incluyendo campañas de reforestación y optimización de la gestión de residuos.

Finalmente, los Salesianos han apostado por garantizar una transición fluida desde el itinerario formativo al mercado laboral. Las oficinas de intermediación laboral han apoyado a los graduados en esta transición, consolidando ciento sesenta y seis acuerdos con empresas locales. Una etapa fundamental en 2025 fue la primera edición del Congreso Salesiano sobre Empleabilidad, que reunió a representantes del mundo empresarial, de la educación y del sector social para afrontar los desafíos del mercado laboral actual.

Las jóvenes que se inscribieron al curso provienen de situaciones de vulnerabilidad socioeconómica, de áreas con acceso limitado a una formación técnica de calidad y con altas tasas de desempleo; ellas pertenecen a familias con ingresos por debajo del umbral de pobreza y muchas estaban en riesgo de migración irregular o de reclutamiento por parte de grupos criminales; y han tenido que afrontar y vencer obstáculos adicionales para el empleo, como las responsabilidades añadidas en el ámbito doméstico, anteriores lagunas en la formación técnica y una menor participación en el mercado laboral formal.

Gracias al proyecto, los salesianos lograron aumentar el número de mujeres graduadas. A lo largo de los cuatro años, 1.169 mujeres se inscribieron y 974 se graduaron, superando el objetivo fijado para las seis instituciones.

Una de las mujeres que se benefició fue Josseline Beatriz García de Aguilar, originaria de Chalchuapa, en El Salvador. García de Aguilar describió una vida caracterizada por la tensión entre el profundo amor familiar y la dura realidad de la escasez económica. En una ciudad en la que los roles tradicionales a menudo limitan las posibilidades de las mujeres, vivía en un estado de extrema vulnerabilidad.

“Recuerdo un día que marcó un giro en mi vida: era el día en que no podía permitirme ni siquiera comprar leche para mi hijo. Esa sensación de impotencia es un peso que solo quien la ha experimentado puede entender”.

Su principal motivación para adquirir competencias laborales era, pues, precisamente la supervivencia y la dignidad de sus hijos. Inicialmente, su objetivo era simplemente cambiar su realidad inmediata, pero pronto evolucionó en un deseo de independencia profesional y dominio de un oficio. García de Aguilar observó: “Decidí inscribirme con el corazón lleno de dudas pero con las manos listas para trabajar. Saber que tenía ese apoyo me hizo valorar cada minuto de formación. Fue el aliento perfecto”.

El proyecto alivió directamente su carga financiera proporcionando formación y materiales gratuitos. Le proporcionó además las competencias transversales que le permitieron pasar de la venta a domicilio al emprendimiento formal. Añadió, por tanto: “Los talleres no solo me enseñaron un oficio: me devolvieron mi dignidad. Hoy tenemos dos puestos en el mercado municipal de Chalchuapa, un servicio de entrega a domicilio y tres personas que nos ayudan”.

Mirando hacia el futuro, García de Aguilar apunta a expandir aún más su microempresa, utilizando las redes sociales para la publicidad al por mayor.

Según el Banco Mundial, casi el 22% de la población de El Salvador vive en condiciones de pobreza. Los jóvenes del país deben afrontar no solo la pobreza, sino también la inestabilidad, altos niveles de violencia y un acceso insuficiente a las oportunidades formativas. A pesar de los buenos resultados de los indicadores económicos, la necesidad de una formación para el trabajo en El Salvador es más importante que nunca, con el 12% de los jóvenes de entre quince y veinticuatro años desempleados y el 41% subempleados.

Fuente: Mission Newswire

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