Los nueve mártires salesianos polacos
El padre Jan Świerc y sus ocho compañeros – Ignacy Antonowicz, Ignacy Dobiasz, Karol Golda, Franciszek Harazim, Ludwik Mroczek, Włodzimierz Szembek, Kazimierz Wojciechowski y Franciszek Miśka – fueron asesinados entre 1941 y 1942 en los campos de concentración nazis de Auschwitz y Dachau por “odio a la fe” durante la Segunda Guerra Mundial. Todos estaban comprometidos en la misión educativa y pastoral salesiana antes de ser arrestados por el régimen nazi tras la ocupación de Polonia, el 1º de septiembre de 1939. Cabe recordar que el más joven del grupo, el padre Karol Golda, precisamente en esta Basílica del Sagrado Corazón emitió su profesión perpetua el 15 de enero de 1937 y el 18 de diciembre de 1938 fue ordenado sacerdote.
El testimonio del Buen Pastor
Durante la homilía, el padre Attard evocó la imagen evangélica del Buen Pastor, presentada en el Evangelio de Juan, para leer a la luz de la fe el testimonio de los nueve beatos. “El Buen Pastor permanece y da la vida. Nuestros Beatos eligieron permanecer”, afirmó, señalando en su sacrificio la plena expresión de una vida entregada al rebaño que les fue confiado.
El Rector Mayor subrayó luego que la fidelidad de los mártires salesianos no fue un gesto improvisado, sino el cumplimiento de una existencia ya vivida en la entrega cotidiana. En particular, recordó cómo algunos de ellos continuaron ejerciendo el ministerio sacerdotal incluso en los contextos más dramáticos, celebrando la eucaristía en secreto, confesando a sus compañeros y acompañándolos hasta la hora de la muerte.
Un pasaje central de la homilía destacó que el perdón es la forma más alta de la victoria evangélica sobre el mal. El Rector Mayor recordó, entre otras, la experiencia del padre Włodzimierz Szembek, que exhortaba a rezar por los verdugos, y del padre Jan Świerc, que en la agonía invocaba únicamente la misericordia de Jesús. “El perdón no es debilidad moral. Es la forma más alta en la que el Evangelio vence la lógica del mundo”, dijo.
El martirio como semilla de vocaciones
El XI Sucesor de Don Bosco recordó que “el sacrificio de nuestros beatos ha generado vida mucho más allá de los confines de Polonia y de la Congregación”, porque también la vocación sacerdotal de San Juan Pablo II maduró gracias a las oraciones y a los sacrificios de estos hermanos salesianos, cuya sangre martirial se convirtió en semilla fecunda para nuevas vocaciones en la Iglesia y en testimonio vivo de la fuerza generadora del martirio cristiano.
Celebrar la gloria de Cristo
Como recordó el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, en la homilía de la beatificación: “No celebramos hoy la tristeza de aquellos acontecimientos, sino más bien la gloria de Jesucristo, que se refleja en el testimonio de estos sacerdotes, Hijos de San Juan Bosco, que como Cristo y con Cristo dieron la vida”.
Al final de la página se puede descargar la homilía del Rector Mayor, en italiano.
{gallery}RMG – Messa ringraziamento Sacro Cuore martiri polacchi 2026{/gallery}