Italia – Una velada memorable con Martino Capelli, SCJ y Elia Comini, SDB, futuros beatos

Organizada por la Postulación General SCJ, la velada de agradecimiento y meditación para honrar la memoria y la amistad fraterna entre los dos próximos beatos permitió a los miembros de la comunidad redescubrir el vínculo único que unía a estos dos mártires de la Segunda Guerra Mundial.

Una amistad sacerdotal

El 29 de septiembre de 1944, en San Michele a Salvaro, cerca de Bolonia, la barbarie nazi truncaba dos jóvenes vidas sacerdotales. Sin embargo, como recordó la doctora Zanet, ponente principal, su martirio no fue el fruto de un caso trágico, sino el resultado lógico de dos trayectorias espirituales profundamente convergentes.

Aunque compartieron solo tres meses de vida en común (de julio a septiembre de 1944), su amistad sacerdotal se reveló como un verdadero fresco de virtudes compartidas. Ambos provenientes de familias pobres, pero ricas en fe y profundamente marcadas por la devoción mariana, aprendieron desde la infancia el arte del servicio concreto. “En la guerra se pone en práctica lo que se ha aprendido en la paz”, subrayó la ponente. Su sacrificio final no era más que la prolongación de esos “hábitos virtuosos” consolidados a lo largo de toda su vida.

De la “escuela de fuego” a la elección del riesgo

El recorrido hacia atrás por la juventud de los dos futuros beatos captó de manera especial la atención de los presentes. Por un lado, el padre Capelli, apodado “el Kika” en su infancia, siempre dispuesto a correr para ayudar al prójimo. Por otro, el padre Comini, formado en la “escuela de fuego” de monseñor Mellini, un discípulo directo de Don Bosco. Ambos tenían una capacidad de atracción fenomenal sobre los jóvenes: los chicos se reunían en torno al padre Comini “como los polluelos alrededor de la gallina”, mientras que los del padre Capelli se aferraban literalmente al cordón de su hábito durante las salidas.

Esta dedicación se transformó en puro heroísmo durante las horas oscuras de la ocupación. La doctora Zanet recordó el gesto humanamente casi imposible del padre Comini, quien movió un enorme armario frente a la puerta para esconder a unos setenta hombres de la vista de los soldados alemanes. En lugar de esconderse ellos mismos, los dos sacerdotes eligieron desafiar el peligro por una única razón: tomar a Jesús en la eucaristía y llevar consuelo a los moribundos.

El “don de los vínculos” contra la indiferencia moderna

A partir de la vida de los dos mártires y de su altruismo evangélico, la doctora Lodovica Maria Zanet, ofreció una crítica contundente al individualismo contemporáneo, fruto a menudo de una banal indiferencia ante las necesidades del prójimo.

Un concepto fuerte marcó la presentación: el “don de los vínculos”. El padre Comini y el padre Capelli encontraron su libertad y su santificación en la aceptación de los lazos cotidianos, de la obediencia religiosa y de las renuncias, como cuando el padre Capelli tuvo que sufrir por la renuncia al gran sueño de las misiones. En este sentido, se anunció la inminente publicación, dentro de un par de semanas, de un libro completo que recorre la vida y las correspondencias espirituales de estas dos grandes figuras, en el que también se podrá conocer el “querido librito”, el diario íntimo donde el padre Comini, desde los diecisiete años, expresaba el deseo de ser ofrecido como “holocausto”.

“Nosotros somos sacerdotes y debemos ir”

La intervención de la doctora Zanet concluyó con la conmovedora evocación de la mañana del 29 de septiembre de 1944. Frente a la pequeña iglesia de San Michele, a pesar de las súplicas de las mujeres del pueblo que intentaban por todos los medios retenerlos en la casa parroquial para protegerlos, los dos sacerdotes permanecieron firmes. Sus últimas palabras resuenan todavía en los corazones: “Nosotros somos sacerdotes y debemos ir”. Ir a llevar al Señor a nuestros hermanos que lo necesitan.

El desarrollo del programa

Tras un agradecimiento, la comunidad se sumergió en un breve silencio de recogimiento, antes de pasar a la oración de vísperas. Una cena festiva con intercambio de dones marcó la conclusión alegre de este encuentro, en el que las figuras del padre Capelli y del padre Comini demostraron una vez más que la santidad no es una abstracción, sino una composición armoniosa de elecciones cotidianas guiadas por el amor.

Fuente: https://www.dehoniani.org  

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