La conferencia propuso un rico programa de conferencias y talleres conducidos por diversas escuelas, abordando temas como el apoyo al duelo, la Inteligencia Artificial en la educación, la formación del personal como pedagogía del amor, la colaboración internacional, la formación en liderazgo entre los jóvenes y el acompañamiento de los jóvenes en riesgo. El intercambio de experiencias puso de manifiesto la profundidad de la dedicación y la competencia dentro de la red salesiana nacional.
En el centro del encuentro estaba la invitación a ayudar a los jóvenes a descubrir y expresar su «chispa» —los dones recibidos de Dios—, haciendo eco al primer encuentro de Don Bosco con Bartolomeo Garelli y a una intuición central del Sistema Preventivo.
El padre Rafael Bejarano, Consejero General para la Pastoral Juvenil, ofreció indicaciones sobre cómo integrar el enfoque salesiano tanto en la planificación institucional como en la vocación personal de los educadores. El padre John Dickson reflexionó sobre la historia de la educación salesiana en Gran Bretaña, mientras que David Wells exploró su dimensión relacional, describiendo la educación como el encendido de «chispas» y la formación de constelaciones de relaciones. La hermana Mary Greenan, Hija de María Auxiliadora, concluyó las reflexiones destacando la dimensión mística de la educación salesiana, evocando la imagen del «fuego y la rosa» como símbolos de pasión y belleza en la misión del educador.
La jornada concluyó con la celebración de la eucaristía presidida por el padre Dickson. Cada escuela recibió después un estandarte conmemorativo, preparado por el Thornleigh College, con las palabras de Don Bosco: «En todo joven, aun en el más desgraciado, se da un punto accesible al bien; primer deber del educador descubrir ese punto, esa cuerda sensible del corazón y sacar provecho de ella».
La conferencia reafirmó la misión compartida de los educadores salesianos: reconocer, cultivar y liberar la chispa de bondad presente en cada joven.



