España – Refugiados: huir para salvar la vida, educación para recuperar el futuro

Gendanie estaba en el campo cuando le avisaron de que su pueblo había sido atacado. Corrió hasta su casa, pero ya no quedaba nadie. Su familia había huido en canoa hacia Tanzania. Él hizo lo mismo. Tiempo después llegó al campo de refugiados de Kakuma, en Kenia, donde pudo reencontrarse con su esposa y sus hijos.

Su historia no es una excepción. Es una de las millones de vidas partidas por la guerra y la violencia. También lo es la de Joseph, un niño de 11 años que tuvo que salir corriendo de su casa en Juba, Sudán del Sur, mientras caían proyectiles y hombres armados entraban en las viviendas para saquearlas.

Más de 117,8 millones de personas viven desplazadas por la fuerza en el mundo, según los últimos datos de organismos internacionales. De ellas, 41,6 millones eran personas refugiadas, 9 millones solicitantes de asilo y 68,7 millones desplazadas dentro de su propio país. Aunque la cifra supone un ligero descenso respecto a años anteriores, continúa reflejando una crisis humanitaria de enormes dimensiones.

Los conflictos en Sudán, RD Congo, Sudán del Sur, Ucrania, Myanmar, Afganistán o el Sahel siguen obligando a familias enteras a dejar atrás su casa, su escuela, su trabajo y todo aquello que formaba parte de su vida.

“Detrás de cada cifra hay una persona que ha tenido que huir para salvar la vida. Nuestro compromiso es estar a su lado, acoger, proteger y ofrecer oportunidades para empezar de nuevo. Cuando alguien lo ha perdido casi todo, una escuela y alguien que escucha y tiende una mano pueden convertirse en el primer refugio”, afirma Luis Manuel Moral, director de MISIONES SALESIANAS.

Los misioneros salesianos atienden a más de 500.000 personas desplazadas y refugiadas en distintos lugares del mundo, como Sudán del Sur, Kenia, Uganda… Lo hacen con ayuda de emergencia, alimentación, alojamiento, acompañamiento psicológico y espacios seguros, pero también mediante educación y formación profesional para niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

En Kakuma, uno de los mayores campos de refugiados de África, y en Palabek, en el norte de Uganda, los misioneros salesianos viven junto a la población refugiada. Allí trabajan para que los menores puedan seguir escolarizados, recibir al menos una comida al día y para que los jóvenes aprendan un oficio en centros de formación profesional.

Esta realidad queda reflejada en el documental Palabek. Refugio de esperanza, a través de historias como las de Alice y Gladys, dos jóvenes madres que huyeron de la guerra para salvar su vida y la de sus hijos. También la de Lucy, joven refugiada en Palabek: “Lo pasamos muy mal por la muerte de mi padre y por estar en un sitio nuevo y desconocido, pero un domingo conocí a los misioneros y mi familia y yo hemos recuperado la alegría, la esperanza y la ilusión por el futuro”.

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, que se celebra el próximo sábado 20 de junio, desde MISIONES SALESIANAS recordamos que nadie elige ser refugiado y que toda persona tiene derecho a vivir en paz, con seguridad y dignidad. Mientras millones de personas sigan buscando refugio, protección y futuro, desde MISIONES SALESIANAS seguiremos presentes junto a ellas.

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