RMG – 75° aniversario de la canonización de Madre Mazzarello

En la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, el papa Francisco habla de una “llamada a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros” y que se expresa a través de diversas formas existenciales de testimonio: “Entre las diversas formas, quiero subrayar que también el ‘genio femenino’ se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo” (n.12).

La hermana Eliane Anschau Petri, coordinadora del curso de espiritualidad del Instituto de las HMA, en su cuidadoso estudio sobre los testimonios del proceso canónico de santa María Dominga Mazzarello, contenido en el volumen La santidad de María Dominga Mazzarello. Hermenéutica teológica de los testimonios en los procesos de beatificación y canonización (Roma, LAS, 2018), profundiza en la “forma de santidad” de Madre Mazzarello destacando diversos matices que, además de facilitar la comprensión personal de la santa de Mornese, ayudan a captar el alcance de su herencia espiritual para seguir sus huellas:

“Con la canonización de los santos, la Iglesia quiere proponer a los fieles modelos de santidad. En este sentido la Iglesia presenta a los santos canonizados también como maestros de vida espiritual. Pero no todos los santos son maestros espirituales del mismo modo. María Dominga se presenta como maestra de vida espiritual con su misma vida y la sencillez de su experiencia”.

Una de las notas distintivas de su santidad, profundizadas por la hermana Anschau Petri en el sexto capítulo de este volumen, es precisamente la fuerte impronta femenino-mariana:

María Dominga, como tantas otras mujeres santas, viene a enriquecer la santidad de la Iglesia con su particular santidad femenina. Uno de los matices de su santidad deriva de su misma naturaleza de mujer: la mujer es ontológicamente madre. Su santidad, como se ha visto anteriormente, tiene una tonalidad materna, de dulzura y firmeza, de comprensión, de capacidad de perdón, de ternura y de afecto, de “cuidar” la vida.

Las expresiones de los testigos expresan bien este aspecto de la santidad de María Dominga: se hacía “toda para todos”; amaba a todos con un amor verdaderamente materno. El carisma específico de la mujer es la generación. Viviendo este carisma hasta el fondo, como consagrada en su misión educativa, María Dominga Mazzarello fue madre, hermana entre las hermanas, educadora sabia y prudente, conduciendo a las hermanas y a las jóvenes a Dios. Fue generadora de vida con su vida.

La santidad femenina tiene su prototipo en la figura de la Virgen, la Inmaculada, la “llena de gracia”, la “Santa” por excelencia, modelo de todo cristiano y de modo particular de la mujer. La santidad de María Dominga Mazzarello está estrechamente vinculada al amor filial a la Virgen. Toda su vida fue un camino performativo de semejanza cada vez más profunda con María, madre y educadora de los santos.

Desde joven, María Dominga Mazzarello supo encontrar en María una inspiradora, una ayuda, una maestra, un modelo en el camino de testimonio heroico de la fe, esperanza y caridad. Ella es la “hija” de María Inmaculada, la “hija” de María Auxiliadora, la “madre” del Instituto, una hermana entre las hermanas, y este ser “hija”, “madre”, “hermana” adquiere fuerza, sentido y vigor de su itinerario mariano, es decir, del camino performativo hacia María, la madre de Jesús, la madre de la Iglesia y de todo creyente.

La Virgen fue la formadora, la educadora, la guía de María Dominga Mazzarello. Con su “quiragogía”, es decir, conduciéndola de la mano y caminando a su lado, María guió a la santa de Mornese a la realización de su vocación femenina en la Iglesia y en el mundo.

María Dominga se puso como discípula inteligente y dócil en su escuela para convertirse en “madre” de todos aquellos que le eran confiados y para ser para todos testimonio creíble de santidad, testimoniando con valentía y radicalidad el seguimiento de Jesús.

En la hora de la muerte, María es presencia consoladora y reconfortante. María Dominga termina su vida terrena cantando una alabanza a aquella que fue su madre y guía en el camino de santidad: “Yo quiero amar a María, quiero entregarle el corazón. Quien ama a María estará contento”. Termina su existencia confiándose una vez más a María, en la conciencia de que quien es toda de María es toda de Jesús.

La Bula de Canonización de Madre Mazzarello termina con una exhortación dirigida a todos, en particular a las Hijas de María Auxiliadora, que anima en el camino de una santidad “posible”, alcanzable en las ocupaciones ordinarias, a imitación de la santa fundadora: “de ella aprendan la única verdadera ciencia, la cual – como ella escribió – consiste en hacernos santos”.

Fuente: cgfma.net.org

Related News​

Scroll al inicio
This site is registered on wpml.org as a development site. Switch to a production site key to remove this banner.