El valioso estudio pictórico, ejecutado probablemente en una fase posterior a 1878, ha sido recientemente incorporado a la colección permanente en la primera planta del museo. El lienzo, hallado originalmente en un mercado de segunda mano por un comprador privado y custodiado hasta hoy dentro de una colección particular, representa un valor añadido para el patrimonio cultural de Valdocco y de toda la Familia Salesiana. Esta novedad se suma a otro importante estudio ya poseído por la institución: uno de los bocetos realizados por el mismo Lorenzone para la monumental pala de altar de María Auxiliadora.
Perfil biográfico y artístico del autor
Tommaso Andrea Lorenzone se formó en la Academia Albertina de Turín, donde se inscribió en 1838. Bajo la guía de maestros del calibre de Giovanni Battista Biscarra (1790 – 1851), el artista desarrolló una cifra estilística de matriz clasicista, progresivamente enriquecida por sugerencias románticas.
Su carrera expositiva comenzó en las muestras anuales de la Sociedad Promotora de Bellas Artes de Turín y continuó en los salones de la Academia Albertina. En 1859, con una sólida fama en el panorama pictórico turinés, Lorenzone eligió abandonar la actividad expositiva para dedicarse enteramente a los encargos privados e institucionales. Su producción, capaz de moverse con soltura entre la pintura de género, la narración histórica y el retrato para la aristocracia, la burguesía y el alto clero, encontró sin embargo su vértice en la temática sagrada, tanto que Don Bosco escribió en 1875: “Lorenzone, cuya valía, especialmente en obras de sujeto religioso, no necesita palabras para ser conocida”.
El vínculo con Don Bosco y la génesis de la obra
El lazo entre el pintor y Don Bosco fue profundo y sinérgico. Lorenzone fue, de hecho, el artista elegido para la realización del cuadro del altar mayor dedicado a María Auxiliadora. Para el lienzo de san José de 1872, el proceso creativo siguió la misma dinámica de estrecha colaboración. Según lo transmitido por las fuentes históricas y por las notas posteriores del padre Fedele Giraudi, la elaboración iconográfica nació directamente de la voluntad del comitente: “El mismo Don Bosco había dado al pintor el dibujo de la composición simbólica por él deseada”.
Aunque no existen documentos coetáneos que lo confirmen formalmente, la estructura de la obra refleja los precisos dictámenes teológicos del santo, quien visitó varias veces el estudio del pintor para seguir el avance de los trabajos y solicitar su cumplimiento para la obra de María Auxiliadora. También el padre Giraudi recuerda que: “Las figuras están todas en primer plano porque Don Bosco, aun deseando honrar de modo especial a san José, a quien el altar está dedicado, quiso que el cuadro representase a la Sagrada Familia”.
Respecto a otras composiciones, en el lienzo de 1872 Lorenzone amplió el espacio en la parte inferior de la pintura para insertar, con minucia de detalles, la misma iglesia de María Auxiliadora y el ambiente circundante en el que se alzaba. La eficacia de esta fórmula compositiva y el estudio de las figuras principales permanecieron como un punto fijo en la producción tardía del artista, que las propuso casi idénticas en obras sucesivas, como la Sagrada Familia de 1899 conservada en Asti.
La cronología de la conclusión del lienzo está documentada también por el epistolario. Don Bosco, hallándose fuera de Turín, escribía al don Rua: “Entre don Cagliero y el don Savio pensad en el cuadro de san José que está en poder del señor Lorenzone terminado, y no falta más que el marco, luego que se ponga en su lugar”.
La iconografía espiritual en las palabras de Don Bosco
Con ocasión de la publicación monográfica posterior a la consagración de la iglesia de María Auxiliadora, en 1878, fue el mismo Don Bosco quien describió detalladamente la compleja estructura simbólica de la pintura, aún no terminada: “En la nave a la izquierda se halla el altar dedicado a san José. El cuadro del santo es trabajo del artista Tommaso Lorenzone. La composición es simbólica. El Salvador es presentado en edad infantil en el acto que ofrece una cesta de flores a la santa Virgen casi diciendo: flores mei, flores honoris et honestatis. Su Augusta Madre dice de ofrecerlo a san José su esposo, a fin de que por mano de él sean regalados a los fieles que a manos levantadas los están esperando. Las flores figuran las gracias que Jesús ofrece a María, mientras ella constituye a san José absoluto dispensador, como justamente lo saluda la Santa Iglesia: constituit eum dominum domus suae”.
La identificación y la exposición de este boceto preparatorio constituyen un momento de notable relieve para los estudios iconográficos, artísticos e históricos sobre el patrimonio salesiano. La iniciativa testimonia el constante compromiso del Museo Casa Don Bosco en la tutela, en la investigación científica y en la divulgación de la memoria artística y cultural vinculada a la Congregación Salesiana.
Doctora Ana Martín García, Ph.D.
Coordinadora General del Museo Casa Don Bosco
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