Estados Unidos – Un servicio que crea comunidad y moldea los corazones de los jóvenes

«Todo empezó con un correo electrónico de Gabriela Gordillo-Banuelos, directora del Center for Service and Justice, en el que comunicaba que más de doce estudiantes del último año de la Loyola High School estaban buscando un lugar donde realizar las horas de servicio social obligatorias – escribe Montenegro –. Los estudiantes debían prestar servicio durante tres días, cuatro horas al día, en la comunidad, y ella consideraba que el Centro Juvenil de la Familia Salesiana era la solución ideal», prosiguió.

Una vez que llegaron al Centro, los estudiantes ofrecieron mucho más que una simple ayuda. En tres días, los estudiantes limpiaron a fondo las aulas, lustraron las camionetas, pintaron, organizaron los espacios y pasaron tiempo significativo con los niños. Hicieron de buena gana y con cuidado cualquier cosa que se les pedía. Su ética de trabajo, su flexibilidad y su actitud positiva fueron evidentes desde el momento de su llegada.

Al final del segundo y del tercer día, los estudiantes también fueron invitados a reflexionar sobre lo que habían aprendido y sobre aquello a lo que se comprometerían en el futuro. Sus respuestas fueron ponderadas y sinceras. Hablaron de la importancia de practicar la empatía y de apreciar cada momento, cada oportunidad y cada persona que encuentran. Muchos compartieron cómo incluso las pequeñas interacciones pueden tener un fuerte impacto. Varios estudiantes expresaron el deseo de seguir sirviendo a los demás, en particular a aquellos provenientes de comunidades martinadas y migrantes.

De esta experiencia surgieron tres lecciones fundamentales. En primer lugar, la importancia de la colaboración y de las relaciones. El vínculo previo de Gabriela Gordillo-Banuelos con los salesianos hizo posible esta colaboración, demostrando cómo las relaciones a largo plazo y el trabajo en red continúan creando oportunidades de servicio e impacto. En segundo lugar, la capacidad de los estudiantes de intervenir y prestar servicio donde fuera necesario reflejó su carácter fuerte y su sincera disponibilidad para ayudar. No dudaron y asumieron la responsabilidad del trabajo que se les había confiado. En tercer lugar, los lazos auténticos que establecieron con los niños fueron profundamente significativos. Más allá de las tareas y de los proyectos, jugaron, escucharon y construyeron confianza, ofreciendo algo que no puede medirse en horas.

Esta experiencia recordó que el servicio no consiste solo en cumplir unos requisitos. Se trata más bien de entablar relaciones, crecer en compasión y descubrir un propósito. Cuando a los jóvenes se les da la oportunidad de servir con intención, no solo fortalecen la comunidad, sino que ellos mismos viven una transformación duradera.

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